Uthopía

"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar"

domingo, 17 de julio de 2016

Grindetti Papers


Argentina. Fue imputado por presunto enriquecimiento ilícito: Néstor Grindetti admitió haber hecho “una reserva” en Panamá

El intendente de Lanús consideró que “está perfecto” el pedido que hizo el fiscal Patricio Evers a la jueza María Servini de Cubría para investigar su presunta vinculación con una cuenta en Suiza y un poder legal para manejar una empresa en un paraíso fiscal, y sostuvo que no hay incompatibilidad entre tener empresas en el exterior y ser funcionario público: “Si uno hace una operación y la declara, no veo por qué no sería ético”.

Además, volvió a negar que tiene cuentas o empresas offshore pero admitió que mientras era ministro de Hacienda del gobierno porteño que por entonces encabezaba el ahora presidente Mauricio Macri hizo una “reserva” para operar que “nunca se llegó a concretar”. “No firmé absolutamente nada. En 2010 pensé hacer una inversión en el exterior, vimos de encargar una sociedad, pedimos una reserva, pero nunca se llegó a concretar. Si no, se hubiese declarado. Al no tener actividad, el valor económico es cero”, expresó.

En declaraciones a radio La Red, el dirigente macrista, imputado por presunto enriquecimiento ilícito en el marco de una investigación desprendida del escándalo de los Panamá Papers, explicó además que cuando “cuando uno encarga (una empresa) viene con un poder”, pero insistió con que “nunca se usó”.

“Esto ya lo habíamos explicado oportunamente. Lo de ayer es un paso procesal lógico que está tomando el fiscal en la investigación. Pero estas sociedades nunca tuvieron actividad, no llegaron a hacer ninguna operación comercial o financiera”, afirmó Grindetti.

Evers imputó al intendente de Lanús por el poder legal que tenía para operar con la empresa Mercier International SA, constituida en Panamá en 2010, y otro para gestionar fondos de la compañía depositados en el banco suizo Clariden Leu Limited, situación que genera “la posibilidad” de un incremento patrimonial del acusado “sin justificación”.

Un expolítico de Macri  envuelto en corrupción

Por otro lado, el político argentino Néstor Grindetti, quien fue ministro de Finanzas del entonces gobernador de la Capital Federal, Mauricio Macri, se encuentra envuelto en hechos de corrupción por enriquecimiento ilícito.

Grindetti, superintendente de la municipalidad bonaerense de Lanús, enfrenta una denuncia legal por la creación de empresas fantasmas en paraísos fiscales. El hecho surgió luego de que se descubrieran los nombres de las empresas, tras el escándalo de los Panamá papers.

La denuncia legal la abrió el fiscal federal Patricio Evers contra Grindetti a quien imputaron este martes por delitos de corrupción, así como su participación directa en sociedades osffshore, creada por la firma de abogados Mossack Fonseca en la Ciudad de Panamá.

El actual jefe de la comunidad de Lanús no incluyó en su declaración jurada la cuenta Suiza ni las acciones de la firma Mercier International, que son al portador, una forma de ocultar a los verdaderos dueños. Entre Julio de 2010 y Julio del 1013, habría tenido poderes y una participación especial en el grupo de abogados, para participar en la firma Mercier International, además de la influencia para su participación en un banco suizo de la firma Clariden Lew AG.

Como medidas para abrir las investigaciones, la Fiscalía solicitó a la Jueza Servini que libre exhortos a Suiza y Panamá. Actualmente el presidente Macri es investigado por su participación en empresas fantasmas en Panamá y Bahamas. De igual forma Evers solicitó a la jueza Servini pedir al gobierno porteño de la municipalidad de Lanús, las declaraciones juradas de Grindetti hasta la fecha.

La denuncia inicial la presentó el fiscal de instrucciones Martin Kiklison, tras conocerse el informe del escándalo sobre los Papeles de Panamá o Panamá Papers. El intendente tenía en 20012 orden de captura y prisión preventiva, no obstante y sin inconvenientes, asistió al mundial de fútbol en Brasil, porque de acuerdo con sus declaraciones esa orden no tenía ninguna vigencia.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/06/29/argentina-fue-imputado-por-presunto-enriquecimiento-ilicito-nestor-grindetti-admitio-haber-hecho-una-reserva-en-panama/

La noche que la ESMA fue peronista


Dale Fuego: Entrevista a Julio César Urien, un militar patriota que enfrentó a la dictadura


Entrevistamos en el programa Dale Fuego a Julio César Urien, Teniente de Fragata (retirado), y dirigente Montonero.

Conversamos sobre sus primeros años como miembro de la Marina, los debates entre los estudiantes y jóvenes oficiales respecto a la orientación de la fuerza y su rol en el proceso político posterior al Cordobazo. Nos acercó a su vinculación a Montoneros, el armado de una corriente de marinos que resistía las orientaciones de la DSN y tenia la voluntad de unirse al pueblo, como actuaron frente al regreso de Perón y como se desarrollo el levantamiento que él condujo y que llevó a la toma de la ESMA en 1972.

Fuente:  http://www.barricadatv.org/?p=5205

La noche que la Esma fue peronista y revolucionaria


Juan Perón volvía por primera vez a la Argentina después de 18 AÑOS de exilio forzado. Julio César Urien era un joven oficial de la Armada, una fuerza tradicionalmente gorila.  Cumplía funciones en la ESMA en noviembre de 1972, mucho antes de que se convirtiera en el trágico campo de concentración. Lideró un grupo de suboficiales y oficiales que tomó sus dependencias a pocas horas de la llegada del líder.

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Juan Perón volvía por primera vez a la Argentina después de 18 años de exilio forzado. Julio César Urien era un joven oficial de la Armada, Julio César Urien, infante de Marinaun arma tradicionalmente gorila. Cumplía funciones en la ESMA en noviembre de 1972, mucho antes de que se convirtiera en el trágico campo de concentración. Había tomado contacto con el peronismo revolucionario, como muchos jóvenes de la época, a través de los curas tercermundistas. Lideró un grupo de suboficiales y oficiales que tomó las dependencias de la ESMA, pero el grupo estaba infiltrado por un agente de inteligencia, eso permitió que Urien fuera detenido y que el resto de los sublevados, unas horas después y ya lejos de la Esma, depusiera las armas. Todos fueron presos pero el dictador Lanusse acusó recibo de la rebeldía que crecía aun dentro de las filas militares.

Faltaban apenas cuatro días para la llegada de Perón y las cosas se complicaban. En la compañía de Julio César Urien hubo cambios. Sus jefes incorporaron a varios oficiales y reubicaron a algunos suboficiales. Por momentos, Julio atribuía esos movimientos a la orden de formar grupos contrainsurgentes; después suponía que alguna información debía haberse filtrado.

La idea del levantamiento lo llenaba de dudas. Pero, al final, suspiraba y suponía que ninguna duda era lo bastante importante como para desalentarse. En uno de sus últimos encuentros con Orueta, los dos evaluaron las diversas hipótesis:

–Mirá, yo creo que nuestra detención es inminente. Anteayer metieron en los calabozos a unos soldados peronistas, les hicieron preguntas sobre si sabían algo de un levantamiento. Los colimbas no sabían nada, no les pudieron decir nada, pero los tipos tienen indicios por todos lados... Así que antes de que nos detengan vamos a tomar la Esma, pero sólo con nuestra compañía: el resto de la oficialidad y la suboficialidad no tiene que quedar comprometido con esto. Yo creo que va a ser un hecho político que va a golpear duro en los mandos de las Fuerzas Armadas. En cambio si nos agarran sin hacer nada es un fracaso.

Para Orueta también había llegado el momento de actuar. Era un agente encubierto de la Fuerza Aérea: por un lado, tenía que informar algunas imprecisiones a la conducción de Montoneros y, por otro, otras imprecisiones a la Fuerza Aérea, para que los militantes se comieran la carnada y los militares no lo mandaran al frente como carne de cañón.
Orueta fue a lo suyo:

–Comodoro, le habla el Tero. Tenemos que vernos urgente.

Faltaban dos días para el levantamiento.
El 15 de noviembre, un pelotón de oficiales y suboficiales se presentó en la cuadra de la compañía donde estaba Urien, que tenía a su cargo ese turno de la guardia de la Esma. Hablaron con el jefe y, en pocos minutos, les sacaron todas las armas portátiles sin dar explicaciones.

–Orden de la superioridad.

Las camas de la compañía estaban en la planta baja del edificio: los que vinieron con la orden las cargaron con fusiles y pistolas y se las llevaron al piso de arriba. Las dejaron bajo llave, con una guardia de suboficiales de mucha antigüedad, que tenían toda la confianza de los mandos. Al mismo tiempo, otro grupo tomaba prisioneros a dos cabos segundos del estado mayor de Urien. Dos horas después, el capitán Iribarne llamó a los oficiales del batallón al casino y les pasó las novedades:

–Tenemos la versión de que hay problemas dentro del batallón. Se habla de una sublevación. Señores, quiero que ustedes me digan qué pasa en cada compañía, en cada sección.

Todos los jefes pusieron las manos en el fuego por sus hombres, con las reservas que la situación imponía: que el momento que se estaba viviendo, que la incertidumbre por la llegada de Perón, que el clima general, pero todos aseguraron que no podía haber levantamiento alguno.
En la madrugada del 16, mientras desayunaba, Urien pensó que había llegado al día D con muchas más contras que las que había previsto. Al rato, se reunió con sus suboficiales de confianza y, tanteándolos, confirmó que estaban completamente decididos a seguir adelante.

–Bueno, entonces que el cabo segundo Esteban pida parte de enfermo; una vez que salga tiene que ir a una cita con un compañero. Que le confirme que en menos de veinticuatro horas vamos a sublevarnos porque empezaron con las detenciones y desarmaron a la compañía, así que vamos a encarar para Lomas como habíamos quedado, salvo que ellos le den una indicación en contrario. Deciles que manden alguna información a los diarios y pongan que los cuatro mil fusiles y pistolas entregados al pueblo son para defender la soberanía popular y para respaldar el regreso definitivo de Perón a la Argentina. Y que aclaren que en la Argentina hay militares que están del lado del pueblo y contra la oligarquía. ¿Comprendido?

A las dos de la tarde, el cabo Esteban fue a la cita, y a las cuatro horas volvió a la Esma con la excusa de que se había olvidado unas cosas. Adentro habló con Julio para decirle que se había encontrado con Orueta y que estaba todo en orden.

La suerte estaba echada. Eran casi las ocho de la noche. Urien fue a la cuadra de la compañía y llamó a los trece suboficiales que componían su estado mayor, más los dragoneantes que estaban a cargo de los pelotones y que ya sabían lo que estaba pasando:

–Nos quedan dos alternativas: o nos dejamos agarrar sin hacer nada o demostramos que también hay militares del lado del pueblo.

Urien recorrió con su mirada las caras de los treinta hombres. Tras un breve silencio, empezaron los apoyos.

–¡Vamos a buscar a Perón, carajo!

Todos asintieron, salvo uno.

–Yo tengo miedo, oficial. No me pliego.

–Bueno, dejen al cabo maniatado en el baño para que no lo incriminen. El resto, nos ponemos uniforme de combate y nos reunimos en cinco minutos de nuevo acá.

Poco después, todos los conjurados estaban listos, pero sin armas, salvo Urien que, como oficial, había conservado su pistola personal.

–Nuestra identificación va a ser esta vincha celeste y blanca.

Urien sacó de un bolso un puñado de cintas argentinas y las fue entregando una por una. Era una ceremonia tensa y silenciosa. Todos se daban cuenta de la gravedad del paso que estaban dando. Como Urien era uno de los instructores y todos lo conocían, él pasaría por los puestos de guardia, se pondría a conversar e inmediatamente irían llegando los pelotones leales para desarmarlos y tomarlos prisioneros.

–Mientras yo voy al casino de oficiales a ver cómo están las cosas, los pelotones A y B tienen que subir y reducir a los suboficiales que tienen en custodia el armamento de la compañía. Una vez que estén todos pertrechados, se ajustan las vinchas y me esperan listos. Cuando yo vuelva entramos en operaciones. ¿Comprendido?

Un cabo levantó el brazo, hizo la ve y gritó:

–¡Viva la patria!

–¡Vivaaa!

Urien iba al casino de oficiales para averiguar qué había pasado con los dos suboficiales detenidos. Si alguno de ellos había cantado, todo estaba perdido. Antes de salir, llamó aparte a los dos suboficiales que lo secundaban en el mando.

–Si en una hora no estoy de vuelta, sigan con el plan.

Antes de ir al casino, Julio hizo una recorrida a pie por el cuartel. A los diez minutos se encontró con otro oficial de su compañía, un año más antiguo y muy gorila:

–Tengo un mal presentimiento. Algo está pasando, Urien. Vení, acompañame a la cuadra.
Urien lo siguió y fueron a paso rápido. Al entrar a la cuadra, todo estaba oscuro. De pronto, dos cabos y dos soldados con vinchas argentinas encañonaron al oficial con sus fusiles:

–¡Entréguese! ¡En nombre de la revolución y el pueblo, entréguese!

Julio volvió a salir, esta vez acompañado por uno de sus soldados, hacia la guardia central.
En ese momento, en el casino de oficiales estaban interrogando a un cabo segundo que había confesado el complot y que aguantó un rato sin decir quién era el jefe. Mientras Julio recorría las tres cuadras que separaban la sede de la compañía sublevada del casino, el cabo segundo terminó de hablar:

–El que dirige el complot es el guardiamarina Urien y se va a sublevar esta noche. Van a tomar la guardia central.

Afuera, Julio seguía caminando. Había caído la noche. Todo estaba muy tranquilo y vio que una camioneta paraba al lado de la guardia. No le dio importancia: pensó que sería un vehículo más para la retirada.

De inmediato, apuntaron a Urien.

–Si se mueve lo mato!

–Entrégueme su arma.

Urien pensó qué hacer. Le quedaba una esperanza: era probable que el grupo que lo secundaba llegara a la guardia antes de que lo llevasen detenido. En ese caso, la situación se daría vuelta y podrían seguir adelante.

–¿Así que vos sos el jefe de una sublevación?

Mientras tanto, el levantamiento no se detenía. Dos pelotones llegaron a la guardia central y, sin despertar mayores sospechas, tomaron posiciones.

–Práctica. Estamos controlando la seguridad –dijo uno de los cabos sublevados mientras otros dos
irrumpían por la puerta trasera, gritando:

-¡Entréguense en nombre de la revolución!

Una vez tomada la guardia, la sublevación fue un hecho. Un grupo de cabos fue hasta los calabozos y liberó a unos marineros. El mando operativo del levantamiento había recaído sobre los suboficiales que constituían el estado mayor de Urien. Cuando escucharon el último tiroteo, los oficiales del casino se dieron cuenta de que el levantamiento iba en serio. Se apostaron en las ventanas con las pocas armas que tenían. Uno agarró el teléfono:

–¿Con el comando en jefe? Tenemos una sublevación...

–¿Con la policía? Lo llamo de la Escuela de Mecánica de la Armada. Es una emergencia, hubo un ataque...

Mientras tanto, los rebeldes seguían cumpliendo sus objetivos: tomaban las guardias, las cuadras, los depósitos de armas, los garajes de vehículos de transporte y las puertas de acceso al cuartel.
A esa altura los sublevados eran alrededor de trescientos.

Los fogonazos y ruidos de disparos no alertaron en lo más mínimo a los vecinos de Núñez. Era normal en un cuartel. El primer Torino de la Policía Federal se presentó en la puerta del cuartel:

–Tuvimos un llamado. ¿Hay irregularidades?

–Pasen por acá.

Los policías fueron recibidos por cuatro hombres con FAL que tenían cara de pocos amigos:

–Quedan detenidos en nombre de la revolución....

Lo único que les faltaba era liberar al jefe.

–¡No tiren, traigo un mensaje! Si no lo largan a Urien en cinco minutos, van a empezar a fusilar a los prisioneros.

El capitán de navío Fernando Romero, director de la Esma, que ya había recibido instrucciones del almirantazgo, reunió a los oficiales jefes y les dijo que la Armada no iba a ceder:

–A Urien no lo damos. Díganles a los sublevados que fue trasladado al Comando en jefe de la Armada.

Los suboficiales sublevados no podían saber si era un truco. Tenían a su mando trescientos hombres, miles de fusiles, armas pesadas y vehículos.

–Encolumnen los vehículos en la puerta. Dejen a los prisioneros, salvo al comandante del batallón y al segundo; a esos los llevamos con nosotros. Y que todos nuestros hombres estén preparados para el combate. ¡Viva Perón!

-Vamos a Lomas de Zamora y nos atrincheramos allá.

Se daban valor cantando la Marcha Peronista. Sobre el Atlántico ya estaba volando el avión que traía al General.

Eran las dos de la madrugada del viernes 17 de noviembre. Los sublevados confiaban en encontrarse con los Montoneros. No sabían que Orueta los había entregado.

Llegaron a la plaza de Lomas de Zamora al cabo de una hora y media. La policía provincial había seguido al convoy a distancia, sólo para informar el rumbo.

Poco después de las tres de la mañana los sublevados tenían los camiones colocados en formación defensiva y estaban dispuestos a instalar sus ametralladoras, armas antitanque y morteros. La noche era oscura, miraron alrededor y quedaron desolados: nadie los esperaba. Se atrincheraron pero al cabo de un rato empezaron a llegar tanques y tropas de infantería del Ejército que les cortaban las vías de salida y, a través de altoparlantes, les ordenaban deponer su actitud.

A las cuatro de la madrugada negociaron una rendición sin represalias. Los llevaron de vuelta a la Esma. Allí, en el casino de oficiales, Urien seguía atado a su silla, sin ninguna información sobre el destino de sus hombres. Le hubiera gustado saber si habían ganado o perdido, aunque no tenía muy claro qué habría sido ganar, y qué perder. Pero de una cosa estaba seguro aquel 17 de noviembre: la historia no les había pasado por el costado. Regresar a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular

Fuente:  http://www.diariomardeajo.com.ar/LaNocheQueLaEsmaFuePeronistaYRevolucionaria.html

Operación Chacabuco


Argentina: Intento de Censura al libro “Operación Chacabuco. Peronismo ortodoxo, dictadura, indultos”

¿Qué relación guarda el comisario torturador Miguel Etchecolatz con la interna peronista de los años ´70, o el Batallón 601 con el ex diputado nacional Julián Domínguez, o el asesino Juan Domingo López con el ex vicepresidente de la nación Eduardo Duhalde? Pues, todos los caminos conducen a la ciudad de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires (fragmento del libro que se intenta censurar).

La crónica:

A mediados de abril de este año (2016) llegaron varias cartas documento al domicilio de editorial Quadrata (dirigidas a Juan Chazarreta, Bruno Napoli, editorial Quadrata, y diseñadores de tapa del libro). La misiva convocaba para el día 29 de abril de 2016,  a una audiencia de mediación por supuestos “daños y perjuicios” que le habría producido el libro Operación Chacabuco a uno de los mencionados: Julián Domínguez (ex intendente de Chacabuco, ex ministro de la nación, ex presidente de la Cámara de Diputados de la Nación).  Su abogado y representante es el Dr. Eduardo S. Barcesat.

La editorial solo pudo dar cuenta del autor, Juan J. Chazarreta, y del responsable de la edición de contenidos fue Ariel Pennisi, curador de la obra y encargado de la idea, diseño y demás formatos técnicos, además de ser codirector de la colección Autonomía. Sobre el resto, al momento de la primera audiencia, el abogado de la editorial no contaba con información.

Anoticiado, el autor del libro, Juan J. Chazarreta (quien, si bien es oriundo de Chacabuco, vive Santiago del Estero como militante del MOCASE-VC) viajó a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para hacerse presente en la audiencia. Los abogados por la parte del autor fueron Oscar Rodríguez (Equipo Jurídico del MOCASE-VC y miembro de la APDH) y Rodolfo Baque.

1º audiencia de Mediación.

El día de la audiencia, el ex diputado Julián Domínguez no se presentó; su abogado tenía un poder para representarlo. La parte demandada decidió retirarse no aceptando diálogo alguno dentro de la formalidad de la audiencia, hasta que Domínguez no se hiciera presente. La mediadora propuso una nueva mediación con fecha 27 de mayo. De todos modos, se tensó un debate entre los abogados del autor y Barcesat, abogado de Julián Domínguez, quien dio a entender que el “problema” estaba en el prólogo y la contratapa, y solicitó que la pregunta retórica presente en el prólogo y plasmada en la contratapa debía ser cambiada. (“¿Qué relación guarda el comisario torturador Miguel Etchecolatz con la interna peronista de los años ´70, o el Batallón 601 con el ex diputado nacional Julián Dominguez, o el asesino Juan Domingo López con el ex vicepresidente de la nación Eduardo Duhalde? Pues, todos los caminos conducen a la ciudad de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires. Y el libro que aquí se nos presenta, logró, con rigurosidad historiográfica, demostrar cómo estos caminos se cruzan”-fragmento del prólogo ubicado en la contratapa). La información volcada en el capítulo correspondiente, que relata la vinculación entre Julián Domínguez y el ex agente del Batallón 601 Joaquín de Anchorena, fue reconocida incluso por la parte querellante. También se pidió un cambio en el “diseño” de la contratapa. Los Dres. Rodríguez y Baque (por la parte de Chazarreta) reafirmaron su postura de no dialogar sin la presencia del denunciante (Julián Domínguez) y pidieron previo aviso si en la próxima audiencia el querellante no habría de presentarse.

2º audiencia de mediación

El día 27 de mayo se presentó nuevamente Juan J. Chazarreta (autor del libro) con sus abogados, Rodríguez y Baque; también se presentaron, por su propia voluntad y por ser aludidos en las consideraciones del abogado del denunciante (pues sostienen que el problema ya no es el libro sino el prólogo y el arte de contratapa, como el propio Julián Domínguez dejó trascender en una nota periodística en un diario de Chacabuco) Bruno Napoli (autor del prólogo) y Ariel Pennisi (editor y curador). Nuevamente, el ex diputado nacional Julián Domínguez no se presentó, dejando en manos de su abogado Eduardo Barcesat su posición.  La parte demandada nuevamente se negó a avalar la mediación hasta tanto no se presentara el denunciante. A pesar de que no hubo audiencia, E. Barcesat insistió en el cambio del prólogo, y ante la negación rotunda de su autor, Bruno Napoli, el letrado pidió –esta vez informalmente, ya que la audiencia había quedado descartada– que “por lo menos” se ofrezca un texto de alcance público dando cuenta de las razones por las cuales el nombre de su defendido aparece en la contratapa del libro y en el prólogo (¿una suerte de justificación o incluso disculpa por el prólogo?). Claramente, este pedido también fue rechazado. Ahora solo resta esperar la decisión de la parte denunciante, que tiene dos opciones: desestimar la denuncia por inconsistente, o continuar la vía legal e ir directamente a juicio.

Últimas Noticias.

El sábado 18 de junio de 2016, Eduardo Barcesat dio una charla sobre Derecho en la casa peronista de Chacabuco. Estuvo acompañado por Julián Dominguez. Al final, hablaron del libro “Operación Chacabuco” donde nuevamente no contaron todo lo sucedido, pues no aclaran por ejemplo que Julián Dominguez, por segunda vez falta a la mediación, haciendo viajar a Juan Chazarreta desde Santiago de Estero, donde pasa la mayor parte del año, pues milita en el MOCASE;  o por ejemplo dice que el responsable de la tapa y contratapa no se presentó, cuando es falso, pues si se presentó, pero se retiró al estar otra vez ausente Julián Dominguez, con quien queremos hablar personalmente alguna vez.

El libro Operación Chacabuco cuenta, hasta el momento, con las siguientes adhesiones:

Silvina Giaganti (Integrante de la comisión de Trabajo por la reconstrucción de Nuestra identidad)
*CECIM (Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata)
*CEVECIM (Centro el Veterano Ex Combatiente Islas Malvinas Berisso)
*ACOMADEH (Asoc. Combatientes de Malvinas por los DDHH)
*Nora Cortiñas
*Osvaldo Bayer
*APDH La Plata
*APDH Mesa Nacional *MOCASE-VC *MNCI-VC
*Comisión Memoria y Justicia de Chacabuco
Prólogo de Operación Chacabuco
Un silencio quebrado.
Solo una cosa no hay, es el olvido
Dios, que salva el metal, salva la escoria
Y guarda, en su profética memoria,
Las lunas que vendrán, y las que han sido.
Jorge Luis Borges.  Everness. (El otro, el mismo. 1964)

Romper el silencio se impone como una tarea colosal en este libro. Años de una palabra en voz baja, años de un secreto a voces de lo que sucedió en Chacabuco, quedan, como sostiene Borges en el poema “Everness”, cifrados en la memoria de las lunas que vendrán. Pero además, como mérito extra, y no menor de esta investigación, Juan Chazarreta nos trae de un supuesto olvido, nombres cotidianos, nombres de la primera línea de la política actual, como si la reconstrucción que realiza de su ciudad, hablara en tiempo presente. Nombres que han forjado, mal que nos pese, el derrotero de los últimos 40 años de la Argentina, y todos están ligados, de una u otra forma, a Chacabuco.

Genealogía

¿Qué relación guarda el comisario torturador Miguel Etchecolatz con la interna peronista de los años ´70, o el Batallón 601 con el ex diputado nacional Julián Dominguez, o el asesino Juan Domingo López con el ex vicepresidente de la nación Eduardo Duhalde? Pues, todos los caminos conducen a la ciudad de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires. Y el libro que aquí se nos presenta logró, con rigurosidad historiográfica, demostrar cómo estos caminos se cruzan. Uno de los primeros logros del libro, consiste en acercarnos a una realidad muy dura de la Argentina de los 70: el terrorismo de Estado fue posible, entre otras cuestiones, por la dura interna peronista de esa década. En Chacabuco, como en muchas ciudades e incluso en 6 gobiernos provinciales, el último gobierno peronista estuvo marcado a fuego (cruzado) por las luchas intestinas entre la ortodoxia peronista (de derecha recalcitrante) y los sectores juveniles del peronismo, que determinaron destituciones a granel de intendentes por toda la Argentina, e incluso golpes palaciegos en varias gobernaciones. Esta interna, cuenta como elemento fundamental, la participación de fuerzas militares y policiales, que intervinieron en favor de los sectores ortodoxos, con una violencia sobre los cuerpos (asesinatos y desapariciones de centenares de militantes) que sería el prolegómeno de lo que la última dictadura militar aplicaría a escala nacional. Operación Chacabuco nos da indicios concretos de estos actos, de las internas que cruzan la ciudad, de la lucha. Y nos trae nombres que luego tendrán peso a nivel nacional tanto en dictadura como en democracia. Aquí aparece la escabrosa genealogía: el torturador Miguel Etchecolatz dirigiendo el operativo policial que asegure la destitución del intendente de Chacabuco, denunciado por “simpatizar con los jóvenes marxistas del movimiento peronista”. O Juan Domingo López, enviado como “delegado normalizador” desde Lomas de Zamora (cuando el joven del peronismo ortodoxo Eduardo Duhalde ocupaba la intendencia luego de destituir al auténtico intendente Pedro Turner) y terminará asesinando a Máximo Gil. Para completar una genealogía de ignominia, el autor consigue el testimonio de un ex agente del terrible Batallón 601 del ejército, quien luego será un protegido político de Julián Dominguez…..todos los caminos cruzados y el peronismo como razón permanente de estos senderos.

La antesala.

Cuando las FFAA argentinas tomaron el poder en 1976, se hicieron cargo del Poder Ejecutivo nacional y de las gobernaciones provinciales. Pero al mismo tiempo, los mandos militares debieron designar intendentes en los cientos de distritos que conforman hoy el mapa político argentino. En la provincia de Buenos Aires, el general Ibérico Saint Jaint (gobernador designado por Videla) acusando recibo de lo que heredaba, nombró civiles en el 90% de los 124 distritos. Pero hizo dos fundamentales excepciones para mantener la disciplina: por un lado el conurbano bonaerense, distritos fabriles y álgidos de la militancia. Por otro lado tres ciudades del interior de la provincia, una de ellas Junin. En estos dos espacios distritales nombró intendentes militares. Mencionamos la ciudad de Junín, clave en este libro, pues desde esta localidad vecina salieron los operativos armados para la represión en Chacabuco. Allí cumple funciones durante 6 años, un intendente militar. Nada casual. Nada librado al azar. Y el autor logra desentrañar esa lógica con un conocimiento del organigrama represivo poco común.

Paradojas.

Un detalle que nos recuerda el libro: el dictador Ibérico Saint Jaint firma el decreto 9443/79 denominado “Ley orgánica de municipalidades”, que establecía, entre otras cosas, la posibilidad de remover intendentes, y designar nuevos, de acuerdo a su actuación pública. Y aquí, la primera paradoja: esta “atribución” de sanción ya había tenido lugar en democracia, de “facto”, durante el período 1973-76. En esos aciagos años, los delegados “normalizadores” del peronismo, podían elevar informes al gobernador, denunciando desvíos en la “doctrina justicialista” y comenzar una campaña de desestabilización en la intendencia, que siempre terminaba en la destitución del intendente, y su reemplazo por el peronista que se ajustara a la “norma”. Siempre un ortodoxo.

Otra atribución obvia que se otorgó la dictadura militar fue la persecución de los opositores políticos al régimen, con el consecuente secuestro y posterior desaparición de estos activistas. Y el autor nos trae otra vez la paradoja: durante la breve democracia 73-76, la feroz interna peronista entre bandas armadas desde el Estado, y la juventud del partido, se basó en denuncias que hacían los primeros en dependencias militares o comisarías contra los segundos (tildados de “infiltrados marxistas” y “apátridas”) que luego eran secuestrados, torturados, y muchas veces asesinados o desaparecidos, por los mimos que los habían denunciado. Quienes no fueron alcanzados en este período por la barbarie de estos grupos armados, lo serían a partir de 1976, en base a las mismas denuncias. Un hecho resonante que nos trae el libro, solo como mención, pero que tiene relación con lo narrado en esta investigación es la “masacre de Pasco”, nada menos que en Lomas de Zamora, durante la intendencia ortodoxa de Eduardo Duhalde, quien luego será vicepresidente de la nación durante el gobierno de Carlos Menem e indultará a los instigadores del asesinado del presidente del HCD de Chacabuco.

Dolor

Octubre de 1990 se presentó escandaloso para la política argentina, y doloroso para Chacabuco: Eduardo Duhalde, en ese momento vicepresidente de la Nación, aprovecha una gira del presidente  Carlos Menem por Europa, y tres días antes del regreso de este, firma un “indulto complementario”,  como el mismo lo define en un intento de defensa pública. El diario “El País” de España, en su edición del 31/10/90, nos dice “Argentina rechaza con el silencio los indultos (….) El pasado lunes fue en Chacabuco, una ciudad rural de unos 30.000 habitantes situada a unos 200 kilómetros al oeste de Buenos Aires. Hasta la tradicional Fiesta del Maíz se suspendió para que los vecinos pudieran participar en la marcha del silencio contra dos nuevos indultos firmados esta vez por el vicepresidente, Eduardo Duhalde, a cargo del poder ejecutivo”. A los pocos días, es el mismo Duhalde quien se presenta en el programa político más visto de ese momento “Tiempo Nuevo”,  conducido por el periodista Bernardo Neustadt, y da una explicación desopilante del caso: “recibo un expediente iniciado el 15 de octubre del año pasado. Se presentan dos ciudadanos, a quien no conozco, nadie me habló de ellos, y viene el expediente a mi firma, pregunto de que se trata, me dicen ´de un indulto complementario´, son personas que reclaman, dicen haber sido torturados, saqueadas sus casas. Surge del expediente  que estuvieron dos veces citados, fueron dejados en libertad, cinco años después sale un auto de prisión preventiva, y se van… se dicen perseguidos y se van….Cuando se producen los indultos, se enteran, están fuera del país y reclaman, porque creen que tienen derecho. ¿Y cuál es el derecho?: que están en la misma causa donde los homicidas, convictos y confesos están indultados”.  La explicación, si no fuera por la gravedad del hecho, es digna de una sátira política, por las definiciones sin ningún tipo de rigurosidad que ofrece como defensa. Está hablando de dos personajes políticos del Chacabuco de los años ´70, instigadores del asesinado de quien fuera Presidente del HCD de esa ciudad, don Miguel Máximo Gil; y dice que se fueron, cuando en realidad se profugan al determinarse un auto de prisión por sus aberrantes actos. Son dos prófugos de la ley argentina, instigadores de un homicidio, y Duahlde dice “dos ciudadanos que se van….”. Toda una definición para un abogado. Pero además, falta a la verdad, pues no son ellos los que reclaman, sino el juez de Mercedes Zitto Soria, personaje clave en el comienzo del menemismo, que llega de la mano del PJ al juzgado de marras, y por actos reñidos con la ley, el propio Senado de la Nación debe iniciarle un juicio político (expte. 942/90) que va a determinar la renuncia del magistrado para no caer en mayores desgracias (Boletín Oficial del 4/02/1991 donde obra decreto 189/91 de aceptación de renuncia).

Final abierto.

Podríamos continuar describiendo las perlas que ha rescatado este libro, pues vuelve a demostrar que los dispositivos estatales de represión política en la Argentina de los 70 no fueron aislados. Formaron parte de espacios articulados donde, como bien se demuestra aquí, lo nacional, provincial y municipal funcionaron coordinados. Que las zonas militares en que se dividió el país durante el último gobierno peronista fueron la antesala para el terrorismo de Videla, Massera y compañía. Que esos nombres de la política de internas partidarias serán hacedores de los posteriores años de nuestro país. Que además se cubren entre ellos, con la ayuda de un poder judicial siempre permisivo a los momentos políticos.

Pero también nos viene a demostrar que falta mucho por decir en la historia reciente argentina. Y que una de las formas de entender esta historia es profundizar las investigaciones municipales y provinciales, pues se cruzan de manera inevitable con las decisiones que a nivel nacional tomaron las diferentes administraciones, tanto en dictadura como  en democracia. Lo que sucedió con las provincias de Formosa, Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Salta y Santa Cruz durante el período 1973-76 es una muestra más que clara de lo que aquí se expone: en cada una de estas provincias se realizó un golpe palaciego y la “destitución” de los gobernadores, denunciados por simpatía con  sectores de la juventud de izquierda en el peronismo, derivó además en el encarcelamiento de algunos de ellos, en incluso la desaparición del Dr. Ragone, de Salta (único gobernador en la historia argentina que fue desaparecido en democracia) o el caso del vicegobernador de Córdoba, que luego de ser destituido, corrió la misma suerte que Máximo Gil, secuestrado y asesinado. Esto sucedió en muchos municipios, calcado, y este libro lo viene a demostrar.

Creemos firmemente que es una buena invitación a revisar cientos de historias similares, que nos ayudarán completar el mapa del devenir reciente. Atender y comprender vivencias que puedan desentrañar secretos; silencios cotidianos pero no por eso menos conocidos, que nos demuestren, como en “El otro, el mismo” que las vivencias propias, con su dolor y su placer, pueden ser el universo mismo en la historia de un país.

Bruno Napoli


Operacion Cóndor


“La Operación Cóndor se ha banalizado mucho”

Entrevista a Stella Calloni, a raíz de la histórica condena por el caso Cóndor y la información que falta

Diego Sanchez
A fines de mayo se conoció la condena al ex gobernante de facto, Reynaldo Bignone, y a otros catorce ex jefes militares y de inteligencia de Argentina y Uruguay por crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco de la Operación Cóndor, el operativo que articuló acciones conjuntas entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del cono sur en los años setenta. El histórico proceso no solo reconoció la existencia de una asociación ilícita entre las dictaduras de Sudamérica, sino que derivó también en nuevos avances en la investigación, tales como la reciente decisión del gobierno de Bolivia de desclasificar archivos relacionados con la operación. Stella Calloni, periodista y corresponsal de La Jornada de México, escribió en 1999 Los años del lobo: Operación Cóndor, libro que sería sucesivamente ampliado y reeditado hasta consagrar a la autora y al texto como una referencia insoslayable para entender este laberíntico operativo que incluyó fuerzas de seguridad, agentes de la CIA, cables encriptados, desapariciones, fronteras abiertas y atentados con bombas y gas sarín orientados a objetivos específicos, tanto en Buenos Aires como en Washington. Sentada en el living de su departamento en Almagro, Calloni se revela como un algoritmo capaz de arrojar datos, nombres propios y referencias con una velocidad implacable y lo primero que aclara, al prenderse el grabador, es el peligro de simplificar los alcances de un diseño criminal voluptuoso que estuvo lejos de ser un mero “plan”. “Siempre me preocupa un poco el tema de la Operación Cóndor porque se ha banalizado mucho”.

¿En qué sentido cree que se ha banalizado?

En el sentido de que se lo señala como un “plan” de las dictaduras y no: Operación Cóndor fue una operación. Se banalizó poniéndole “plan” y es algo muy distinto una operación a un plan. Una operación es una táctica, una acción. Diría Juan Domingo Perón: “la estrategia es la guerra y la batalla es la táctica”. Después, se banalizó también al acusar a la Operación Cóndor de provocar cien mil muertos. Y eso es imposible. Porque fue una operación destinada a sacar del medio a figuras muy importantes, a figuras muy puntuales.

¿En qué momento comienza a trazarse la operación?

Ya en el año ’74 empezó a hablarse. En el ’75 se hizo una reunión convocada por el general Manuel Contreras, de Chile, que era el jefe de la policía política de Pinochet, la DINA, y ahí se firma. Se firma el acuerdo de las dictaduras del cono sur más un capitán de la Marina de acá, estaba Isabel Perón todavía. Ese acuerdo se firma entre los sectores de inteligencia de los ejércitos, con participación de algunos sectores de la policía. Ese documento fue encontrado en 1992, en los archivos de la dictadura de [Alfredo] Stroessner, y fue muy importante porque fue el primer documento donde aparecían registradas todas las firmas de los que se coordinaron para hacer esta operación. Cóndor fue una operación que estaba dispuesta en tres fases. La primera era el espionaje, el seguimiento de todo lo relacionado con lo que ellos llamaban los “blancos”, es decir, los individuos que ellos tenían que sacar del medio; la segunda correspondía a los planes de ejecución, la planificación de los traslados, eliminar toda legalidad y trasladar a la gente de un país a otro sin que pasara por ningún juzgado ni extradición; y la tercera ya era la ejecución, era cuando iban equipos conjuntos para asesinar a determinada persona en algún lugar. Te darás cuenta de que es muy mafioso el tema porque era como una omertá, y era tan elitista la Operación Condor que todo tenía que ser descifrado. Los cables sobre Cóndor iban a una embajada, los tomaba el agregado militar, no pasaba por las manos del embajador sino por manos militares, y luego mandaban a una persona que supiera descifrar esos mensajes. Es decir, si algún suboficial u oficial del ejercito dice “yo ni sé lo que era Cóndor”, estate seguro de que no sabía, porque eso tenía que estar muy cerrado debido a que eran personajes tan importantes como presidentes, políticos. La pretensión era terminar con lo que era la coordinadora guerrillera del cono sur pero atacando a las dirigencias, apuntaba a las cabezas, con todas las figuras importantes que pudieran estar afuera y que fueran muy representativas en el mundo y que pudieran denunciar a las dictaduras. Eso Pinochet lo cumplió a rajatabla, se dedicó a las figuras importantísimas y no le importaba dónde estuvieran, mandó a Washington a matar a Orlando Letelier, mandó a Roma a matar a Bernardo Leighton de la Democracia Cristiana y a su esposa -a quienes no mataron pero dejaron discapacitados de por vida- y acá antes habían mandado a matar a Carlos Prats y la esposa. Ahí te das cuenta del tipo de personajes al que ellos apuntaban, por eso más o menos hay quinientos y pico de nombres que está certificado que son de Cóndor, es decir, que tenía que ser un nombre, una persona que estuviera pedida por Argentina a Brasil o por Brasil a la Argentina y así entre cada país. Y fue de elite porque tenían que ocultar a las personalidades tan importantes con las que iban a atentar. Está también el caso de Joao Goulart, que todavía se investiga si no usaron gas sarín, que era un invento espantoso que usaba el laboratorio de la DINA en Chile.

Georgina García

Georgina García
¿Cuando comienza a desentrañarse todo ese entramado?

Para decir un dicho: “en el pecado estaba la penitencia”. La parte de las personas muy importantes no iba a quedar siempre oculta. Cóndor no se descubrió en Paraguay, se descubrió cuando mataron a Letelier, una muerte en la que estuvo involucrada la CIA a través de Michael Townley, que sobrevive como testigo protegido, por lo cual nunca le podés preguntar nada de qué hacían. A Letelier le habían puesto una bomba debajo del automóvil, como se la pusieron al general Prats que estuvo viajando por todo Buenos Aires con la bomba abajo hasta que la detonaron cuando él llegó a su casa. Pero ¿qué pasó con Letelier? Lo iban a volar al salir de su casa, al otro día, pero vino con su secretaria y el esposo de su secretaria y se quedaron a dormir los dos norteamericanos en la casa con la familia. Al día siguiente salieron todos juntos y detonaron la bomba matando a la norteamericana, con lo cual ya la cosa se les complicó muchísimo. Estaba el esposo de ella, Michael Moffitt (ella se llamaba Ronni Moffitt). El hombre empezó a luchar por que se esclareciera la cosa y la toma un fiscal muy serio que hace este primer juicio y que ya ubica que hay una operación transnacional. El nombre de “Cóndor” lo ubican porque en ese momento el fiscal manda a pedir más datos a las embajadas del sur y hay un capitán que lo que hace es enviar un cable donde dice “la operación Cóndor es una operación creada entre los servicios de inteligencia de las dictadoras del cono sur… “ y explica las tres fases que tenía Cóndor. Ese es otro documento que, aunque se encontró en Paraguay todo tachado porque era un documento desclasificado, ya había aparecido con el caso Letelier. Con eso de base hubo mucha gente que ya en los años ’79, ’80 empezó a hablar. El propio Rodolfo Walsh había hablado de operaciones internacionales en la carta a las juntas, porque él tenía un amigo que se llama Richard Gott, un periodista de Gran Bretaña, que ya había tocado el tema en el ’75. Yo creo que hay que revisar mucho los archivos de Paraguay porque hay muchas historias, la gente se quedó con Cóndor, pero hay que ser muy serios en la parte de investigación de archivos porque además de Cóndor pueden salir otras operaciones de ahí. Son cinco toneladas de papeles, mucha documentación.

¿Cómo se llega al juicio?

Se llega al juicio con esos documentos más algunas otras cosas muy importantes (por ejemplo, hay un interrogatorio a tres argentinos y dos uruguayos que estaban en Paraguay -a ellos les interesaba mucho seguir a la gente que estaba en el exilio en la operación Cóndor) y cada una de esas historias fue agregando elementos. Es muy difícil hacer un juicio de Cóndor. Había empezado Baltazar Garzón en España, pero claro, le mandaron un volumen demasiado grande de información sin seleccionar y para ellos es un problema gravísimo. Este juicio es el primero y es histórico porque tomó aquí, en el mismo territorio donde los hechos sucedieron, a chilenos, bolivianos, dos cubanos diplomáticos desaparecidos, argentinos y varios uruguayos. Hay muchos uruguayos porque era común que quisieran encontrar a los contadores, a los tesoreros de los organismos guerrilleros. Los uruguayos que llegaron acá, la mayoría, estaba buscando el dinero del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP). Lo buscaron, incluso al desaparecido Gatti, que nunca habló, lo tuvieron ahí en Orletti. Cuando se hizo el juicio sobre Orletti surgieron elementos nuevos. Y es así como se fue armando el juicio: fueron buscando elementos en el Nunca Más, en el juicio que hizo este hombre en Estados Unidos, en lo que ya había avanzado Garzón…

    Este juicio es el primero y es histórico porque tomó aquí, en el mismo territorio donde los hechos sucedieron, a chilenos, bolivianos, dos cubanos diplomáticos desaparecidos, argentinos y varios uruguayos.

¿O sea que es un juicio que fue tomando elementos de diferentes causas?

Sí. Por eso es histórico, porque tomó varios casos, tomó casos de casi todos los países que estaban interviniendo, hizo su primer juicio y dio su primera condena. Lamentablemente, los que tenían que tener cadena perpetua están casi están muertos: Jorge Rafael Videla, [Hugo] Banzer, Stroessner. Fijense que los brasileños, que tuvieron una enorme responsabilidad, porque fue en Brasil donde se instaló la primera dictadura de la seguridad nacional en 1974, no firmaron el acuerdo de Chile. Asistieron y dijeron que iban a consultar y después firmar, cosa que no hicieron. Pero después, a medida que se iban encontrando archivos, también salía la intervención de ellos. Pero se cuidaron muchísimo. Donde más documentación podríamos encontrar sería en la cancillería brasileña, porque tenía todos los informes, los informes se mandaban a la CIA en Estados Unidos. Yo entrevisté a un agente de la CIA que se fue y denunció, y él me contaba cómo espiaban en Uruguay, cómo lo espiaron a los peronistas -era la época donde todos se iban a Uruguay, en los sesenta y pico-. A John William Cooke, por ejemplo, cómo entraron al departamento una vez que había ido su hija con unas cajas, creían que llevaba armas, amenazaron al portero, entraron en un momento que la pareja salió a cenar o algo así, y fotografiaban las cajas. Ellos mandaban toda esa información a Brasil y a la CIA, así que Brasil tiene información de todos los exiliados.

¿Hasta dónde puede ramificar la investigación?

De acá se llevaron brasileños desde 1973, mucho antes de que esto fuera una operación ya muy acordada. Paraguayos entregados hubo desde el año ’69. No se puede poner en Cóndor porque para que sea Cóndor tiene que ser preciso pero van reuniendo elementos. Un día le puse “Pre-Cóndor” y a Baltazar Garzón le gustó. Acordate que en todo eso también se mezcló una movida muy grande cuando andaban buscando al Che, ahí se ponen de acuerdo las inteligencias de todos los países para informar. Todos esos elementos, más esta operación, salen de una operación que hicieron en Vietnam, la Operación Fénix, en los últimos años antes de terminar la guerra, y después en Europa, la Operación Gladio. Este juicio logró y aceptó mucho de estos nuevos informes que hay. Cuando vos revisás los archivos dentro de la Operación Cóndor hubo la operación “Murciélago”, la operación “Zapatos viejos”, todas estaban dentro de Cóndor. A cualquier acción que iban a hacer le ponían un nombre. Lo que te permite ver eso es qué es la contrainsurgencia. El Cóndor es parte de una contrainsurgencia que probó que podía haber una unión para objetivos concretos de todas las dictaduras.

Bolivia anunció que desclasificará archivos vinculados con Cóndor. ¿Qué pueden llegar a aportar?

Pueden llegar a aportar bastante, porque Banzer sabía mucho de lo que era la persecución a los religiosos. La desclasificación mayor sería, para mí, la de Brasil. En Río Grande do Sul aparecieron algunos archivos, se sacaron bastantes datos. No importa cuántos tengan, siempre va a haber algo, por ejemplo en Bolivia tenés el caso de Quiroga Santa Cruz, tenés el caso de este padre que no recuerdo el nombre, que el Papa le hizo un homenaje, todavía no sabemos cuántos bolivianos desaparecieron acá porque hay muchos que desaparecieron ya en el Operativo Independencia, gente muy humilde que venía a las zafras. Las familias no lo denunciaban porque las mujeres creían que se habían encontrado otra mujer y se quedaron, eso lo encontramos mucho cuando fuimos a investigar a Bolivia, siempre te decían eso. “¿Cuándo se fue tu marido?” “En el ’74, ’75, y no volvió, se quedó por ahí, con otra”. Casos muy específicos que está totalmente probado cómo los agarraron, cómo los llevaron, el caso de Centurión, un campesino al que agarraron y lo llevaron en la caja de un automóvil. Falta investigar mucho del Cóndor todavía pero esto ya es un avance histórico.

    Lo más parecido que surgió en estos años es esta fundación Unoamérica, que se creó en Colombia en diciembre de 2008. Están todos los militares de las pasadas dictaduras, hay sectores muy derechistas (acá formaba parte Unión por Todos, a la que pertenece Patricia Bullrich) y se juntaron diciendo que ellos se transformaban en una organización transnacional capaz de intervenir en cualquiera de los países

Así como esa articulación conjunta se puede rastrear hacia atrás en el tiempo, ¿hubo articulaciones similares posteriores, con la inteligencia de los países de la región uniéndose para determinado propósito?

Ellos ya estaban unidos hacía mucho tiempo, esto siempre fue así, pero Cóndor fue una operación muy coordinada. Lo más parecido que surgió en estos años es esta fundación Unoamérica, que se creó en Colombia en diciembre de 2008, ante el golpe fracasado contra Evo Morales ese mismo año. Están todos los militares de las pasadas dictaduras, hay sectores muy derechistas (acá formaba parte Unión por Todos, a la que pertenece Patricia Bullrich) y se juntaron diciendo que ellos se transformaban en una organización transnacional capaz de intervenir en cualquiera de los países, para combatir a los gobiernos del Foro de San Pablo –de Brasil, de Argentina, de Bolivia, de Ecuador, de Nicaragua. [Roberto] Micheletti, el dictador que surgió tras el golpe de Honduras, le dio una condecoración a Alejandro Peña Esclusa, que era el presidente de Unoamérica, por la gran ayuda que le habían prestado. Y vos viste los crímenes que se han cometido y los que se siguen cometiendo en Honduras. Por eso es tan importante saber la historia de la Operación Cóndor. Es muy importante saber para qué se creó la contrainsurgencia allá en los años ’60.

¿Cree que el cambio de gobierno en Argentina puede afectar el devenir de juicios como el de Cóndor o se trata de procesos ya consolidados?

Sí, cómo no. Ya han afectado. Ya hubo un juicio que se afectó, un juicio del ’75 diciendo que no era de la dictadura, que fue el fusilamiento de los militantes del ERP. Afectó porque se está cambiando totalmente el criterio. Recientemente el CELS sacó un informe sobre el retroceso en el tema derechos, fijate que si La Nación lo planteó dos veces por algo será, cuando plantea esas cosas -eso de que son unos viejitos pobres que se están muriendo ahí y demás- no es porque lo hacen ellos. Ahora editaron el Nunca Más sin el prólogo que discutía la teoría de los dos demonios. Todo eso te está indicando algo. No se piensan quedar así. Además necesitan quedar bien con los militares, con la policía, necesitan tenerlos a disposición para cuando ya no puedan manejar la cosa política. Si creemos que no se puede volver atrás, miremos lo que pasa en Honduras, miren lo que pasa en Medio Oriente. Por eso es muy importante saber.

Fuente: http://revistazoom.com.ar/la-operacion-condor-se-ha-banalizado-mucho/

El nieto 120


JOSE LUIS MAULIN PRATTO LE CONTO A PAGINA/12 SOBRE LA BUSQUEDA Y EL REENCUENTRO CON SU FAMILIA
“Pude rearmar la historia que me robaron”
El nieto 120 relató detalles de la vida con su apropiadora, tras ser arrebatado a su madre durante la dictadura, y cómo sus padres y su hermana lo buscaron. “Me falta el nombre”, dijo sobre la lucha que aún mantiene para recuperar su apellido biológico.

El documento nacional de identidad de José Luis miente. Él, un hombre de 39 años, lo sabe desde hace siete, cuando un análisis de ADN le contó la verdad que corría por sus venas: en un 99,99 por ciento era compatible con el de Rubén Maulín y Luisa Pratto, sobrevivientes del terrorismo de Estado que en la ciudad santafesina de Reconquista arrasó como en el resto del país durante la última dictadura militar; de Cecilia Góngora, quien figura en los registros oficiales como su madre, y José Ángel Segretín, el dueño del apellido mentiroso, ni rastros. Desde ese análisis, José Luis reclama al Estado la restitución de su identidad, lo que está en pleno debate oral y público. “La identidad es el basamento que explica por qué uno es como es, por qué uno sueña determinados sueños, por qué decide concretarlos de tal o cual manera. No tenerla o tener una falsa es construir castillos en el aire, siendo alguien que en realidad no existe. Como me pasó a mí, que aún me llamo fulano, pero soy mengano”, dijo a Página/12 después de que Abuelas de Plaza de Mayo lo reconociera como el nieto 120.

Algo de esa evaluación pudo realizar José Luis el jueves pasado ante el Tribunal Oral Federal de Santa Fe en el juicio por su apropiación. Ese día declaró, ante sus padres, querellantes en la causa, y su apropiadora, una de las dos acusadas. .

–¿Qué significó poder dar testimonio en el juicio que evalúa el robo de su identidad?

–Fue todo lo que esperaba. Estaba bastante ansioso por poder, por fin, declarar. Fue bastante emotiva la situación. Sentí una sensación de descarga total. Hacía tiempo que venía esperando el inicio del juicio y el pedido de que por favor cuanto antes se me restituyera la identidad. Pasaron ocho años, Los tiempos de la Justicia no son los nuestros. Incluso murió uno de los acusados. (Danilo) Sambuelli (era jefe del centro clandestino que operó en la III Brigada de Reconquista y murió en diciembre de 2014 cumpliendo una condena por los delitos de lesa humanidad cometidos allí) era para mí partícipe sumamente necesario en mi apropiación. Era quien administraba la justicia y el orden, el amo y señor de la ciudad de Reconquista durante la última dictadura. Él y la obstetra (Elsa Nasatsky de Martino, quien firmó el certificado de nacimiento) son responsables del aprovechamiento que mis apropiadores hicieron de la situación que padecían mis padres por ser víctimas del terrorismo de Estado como Góngora y Segretín. Patear en el suelo a alguien es a veces peor que aquel que provocó la caída. Mi familia estaba devastada y acá hubo un aprovechamiento que es tan delictivo como el secuestro y las torturas.

–¿Que su apropiadora haya escuchado su testimonio volvió más especial al momento? ¿Le generó dolor? ¿Lo atemorizó de alguna manera?

–No fue fácil ni fue gustoso para mí que ella estuviera sentada como acusada. En lo personal, no necesito una condena para ella, me basta con que esté ahí, con que me haya escuchado. Porque yo tenía la posibilidad de que la retiraran de la sala durante mi declaración, pero me era necesario que escuchara lo que tenía para decir, que supiera de mi boca lo que provocó en mí, que al momento de ser condenada, si resultara así el final del juicio, supiese de mi parte por qué recibe esa condena. Necesitaba que supiera el daño que me provocó, la pérdida que me provocó, lo que me robó, lo que se llevó y no le correspondía.

–¿Qué le robó? ¿Qué se llevó?

–Mi historia.

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Lo que su documento de identidad no reconoce, José Luis lo reivindica desde el lenguaje: llama “viejos, vieja, viejo” a Luisa Pratto y Rubén Maulín, y “apropiadora” a Góngora. A los 11 años, su apropiadora le confesó que no era hijo biológico de ella. “Bajo la promesa de que me llevara el secreto a la tumba”, cuenta. La versión lo presentaba como el resultado de una relación extramatrimonial de Segretín, fallecido en 1986. Lo que hasta entonces no sabía era que había una mujer y un hombre en Reconquista que lo estaban buscando como su propio hijo.

“Mi mamá se acercó a mi apropiadora, incluso antes de que mi papá saliera en libertad, pero mi apropiadora la amenazaba con que la iba a hacer meter presa y mi vieja le tenía un terror espantoso a los policías después de las torturas y todo lo que había pasado”, reconstruye José Luis algo de lo que sus padres sufrieron. En octubre de 1976, una patota de la III Brigada Área de Reconquista sorprendió al matrimonio de Luisa y Rubén en su departamento. Estaban allí con la mamá de Rubén y los dos hijos bebés de la pareja, Walter y Gisella. A Rubén y a su madre los secuestraron. Días más tarde también se llevarían a Griselda, la hermana menor de Luisa, que había viajado para ayudarla con los nenes. Luisa estaba embarazada de cuatro meses, lo cual no evitó las visitas violentas periódicas de la patota: durante meses la violaron, torturaron y amenazaron frente a sus hijos. Cuando llegó el momento, la llevaron a parir a José Luis al sanatorio privado local, donde la registraron con el nombre de quien le iba a robar a su hijo durante los siguientes 30 años.

Cuando Rubén salió en libertad, en 1982, comenzaron a reclamar a la Justicia por la recuperación de su hijo: tenían el nombre de la apropiadora. “Les llegaron a decir que la causa ya habían prescrito porque había pasado mucho tiempo y en organismos de gobierno les decían que si ellos sabían donde yo estaba y sabían quién era yo y quién me tenía, tenían que ir y buscarme. Entonces, volvían a intentar con mi apropiadora, pero ella los corría siempre. les llegó a decir que si seguían intentando, yo me iba a suicidar”.

Para la misma época en que José Luis supo que no era hijo de Góngora, también recibió los primeros datos respecto de esa familia que lo “quería llevar”. “Mi apropiadora me decía que me querían llevar, que eran malos y yo tenía terror. Sufrí toda una manipulación. Me decía que el marido era un terrorista, que había estado preso, que era un terrorista, que ponía bombas en colectivos. Así que por lo que me contaba ella yo no quería saber nada con mi mamá”, relató a este diario.

–¿Nunca dudó de lo que Góngora le contaba?

–No, hasta que se acercó mi hermana. Ella sembró la gran semilla de la duda en mí, aquella patriada que se mandó fue muy importante para mí.

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Gisella es un año más grande que él y se crió buscándolo. Tras recuperar su libertad, su abuela paterna se la llevaba a buscarlo por las calles. José Luis reconstruyó: “La agarraba a ella y a mi prima y me buscaban, me vigilaban, me espiaban. Gisella tenía una noción desde pequeña de mí, de lo que pasaba conmigo, que después fue completando. Para cuando se acercó, llevaba años extrañándome.”

Cuando su hermana mayor lo encontró, ambos compartían escuela secundaria. Él tenía 13 años y ella, 14, y se mandó sola, según le contaron décadas después a José Luis. Ella había escuchado en la casa, en conversaciones entre Rubén y su esposa –está separado de Luisa– el nombre de su hermano: José Luis Segretín. Luego, lo escuchó en el colegio. Y empezó a rastrearlo.

Lo que él recuerda de manera “muy fresca”, lo que a él le quedó “grabado para siempre”, fue el encuentro fugaz: “Fue en un recreo. Me tocó el hombro. No se presentó. Solo me dijo si podía hablar un ratito conmigo. Yo la vi muy parecida a mí, me di cuenta instantáneamente quién era y le dije que no, con mucho miedo. Se puso muy mal, se dio vuelta y se fue”. Por esa “patriada” de su hermana, José Luis se enteró del apellido de su familia biológica paterna: Maulín.

–¿No se volvió a acercar a ella?

–No. Yo conté eso en mi casa y al otro día fue mi apropiadora a hablar con los directivos de la escuela, quienes maltrataron bastante a mi hermana, la acusaron de acosarme. Yo tenía miedo de que me secuestraran, así que mi apropiadora me propuso llevarme a Buenos Aires por un tiempo. Ella sabía cómo manejar los tiempos de la situación, con lo cual a mí me queda claro que ya había pasado otra vez: que nos buscaban, nos escapábamos para que mis familiares perdieran el rastro, desistieran y entonces volvíamos. Y así sucedió. Volví a fin de año a la escuela, pero mi hermana había sufrido mucho por esto y terminó abandonando.

Pasó el tiempo, pasó la adolescencia, pero José Luis siguió pensando siempre. “Me preguntaba por el parecido con esa chica, me preguntaba sobre el por qué del abandono de mi madre, pero la duda de a poco le fue ganando al miedo”. El click definitivo llegó en 2008, cuando Góngora le volvió a contar que “esa gente” había vuelto a la carga. “Pero lo más fuerte fue lo de la radio”, recordó.

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José Luis ya tenía 31 años, una pareja, dos hijas. Entonces, el juicio a los represores de Reconquista estaba en un momento clave (ver aparte). “Mónica, mi pareja, tenía una cuñada que era productora de un programa de radio y a propósito del juicio, le hizo una entrevista a mi mamá, que era testigo. Mi mamá le comentó que estaba buscando a su hijo, le dio todos los detalles y características y a esta chica le pareció muy familiar. Le pidió a mi mamá si sabía cómo se llamaba el chico que buscaba y mi mamá dudó, pero se lo dio. Cerraba por todos lados, era yo”, recordó.

El tema sorprendió a todos en su familia política, que ni siquiera sabía la mentira que Góngora sostuvo hasta la última vez que lo vio: que José Luis es hijo de Segretín con otra mujer.

–¿Por qué aquella vez fue diferente al resto?

–Yo seguía teniendo miedo. No a que me llevaran, porque ya tenía 31 años, dos hijos... ¿Adónde me iban a llevar? Pero estaba enterado de las consecuencias de la situación. Hablé con Góngora y le conté que había decidido a escucharlos. Creía que me debían una explicación. No estaba enojado, pero en mí estaba la idea del abandono. Iba a decirles que me dejaran en paz. Conseguí el número de teléfono de mi vieja. Llamé varias veces y cuando me atendían, cortaba. Recién pude hacerlo en 2009, en el verano, con la ayuda de los profesionales del programa de protección de testigos.

–¿Cómo fue el reencuentro?

–Primero me vi con mi vieja. Y me trajo muchísima paz. Al fin podía escuchar esa parte de la historia: aquello que no quería, pero era tan necesario. Las barbaridades por las que pasaron ella, mi viejo, mis hermanos, mi abuela. No es fácil escuchar a tus seres cercanos, a tu familia, contar sus experiencias en torturas y secuestros. Fue tremendo para mí. Pero desde ese primer encuentro surgió todo. En marzo me encontré con los dos (Luisa y Rubén) y desde entonces el vínculo se fue haciendo más estrecho. Hoy, siento que los conozco de toda la vida.

En abril se sometieron los tres a la prueba de ADN y en mayo llegaron los resultados. Hasta entonces, José Luis tenía contacto con su apropiadora: “El último día que la vi fue con el resultado de ADN en la mano. Le pregunté si estaba segura de lo que ella me había contado siempre y repitió su versión. Le dejé los resultados del análisis, le pedí que no me mienta más, me fui y no volví más. Nunca se volvió a acercar, nunca se disculpó, nunca nada más”.

–¿Le contaba algo sobre el terrorismo de Estado?

–En mi casa estaba prohibido hablar de política. Tal es así que yo tenía una colección de revistas encuadernadas de Perón y Evita que un buen día desapareció. Se la llevaron. De política y religión no se hablaba abiertamente. Pero circulaban ciertos términos que yo escuchaba a escondidas: en mi casa supe lo que era un submarino, lo que era una picana, lo que fueron los vuelos de la muerte. Del secuestro y robo de bebés no se hablaba. A medida que fui creciendo me fui enterando. Tuve profesores en el secundario que por fuera del programa educativo nos hablaban de la última dictadura. Nunca pensé que en Reconquista hubiera sido tan fuerte lo que pasó. La historia oficial acá versaba sobre un pequeño puñado de detenidos políticos y ajusticiados. Se lo contaba y veía así, estaba todo muy silenciado.

–¿Tenía postura tomada al respecto? ¿Qué pensó tras enterarse de que es víctima de aquellos años de terror?

–En mi entorno siempre se justificaron los delitos de lesa humanidad. ‘Si se los llevaron, era porque eran terroristas’, así se pensaba. Y yo tenía mis dudas, más aún cuando fui estudiando. Pregonaba en mí la teoría de los dos demonios: todos eran culpables y había inocentes en todos lados. Cuando empiezo a interiorizarme más, sobre todo en la cuestión política, ahí empiezo a tener una postura más humanista, aunque de todas maneras no me sentía identificado con nada. Cuando me reencuentro con mis viejos, yo ya entendía las cosas de otra manera. Nos encontramos y no estábamos tan lejos. Yo me identifico con el peronismo. Tenemos nuestras diferencias, que las discutimos como cualquier familia.

–No se sintieron extraños, entonces…

–Nos integramos increíblemente. Todo fluyó mucho. Me encontré con un lugar vacío esperándome al que ni siquiera me tuve que amoldar. En mi familia faltaba una pieza, y esa pieza era yo. Todos sabían de mí. Pero hay una parte dolorosa, que es la ausencia durante décadas, el tiempo perdido. Porque si la familia que me faltó hubiera sido una mala familia, todavía, pero saber que perdí tanto tiempo de conocer a esta clase de gente, saber que perdí de conocer familiares, que me perdí momentos, historias, son cosas que no voy a recuperar nunca más. No solo momentos lindos: me hubiera gustado pasar momentos difíciles con mis hermanos, incluso. Igual, sé que algo puedo recuperar, y que todavía quedan mucho por compartir con ellos. Lo más importante a recuperar es mi identidad.

–Le falta el cambio de apellido. “Quiero firmar como José Luis Maulín”, dijo días atrás. ¿Qué significa la identidad para usted?

–Afortunadamente pude recuperar mi historia, lo que quedaba de mi familia, rearmar de a racimos de relatos la historia que me robaron. Pero me falta el nombre, la figura legal en la que se representa la identidad de una persona. Y la identidad para mí es la base fundamental de una persona. No se puede andar por la vida sin saber de dónde salió uno, sin saber de qué todo es una parte. Es el basamento que explica por qué uno es como es, por qué uno sueña determinados sueños, por qué decide concretarlos de tal o cual manera. No tenerla o tener una falsa es construir castillos en el aire, siendo alguien que en realidad no existe. Como me pasó a mí, que aún me llamo fulano, pero soy mengano”.

Fuente:  http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-303291-2016-07-03.html

Pozo de Quilmes


Pozo de Quilmes: “donde hubo muerte hay que devolver vida”
 
Un proyecto de ley busca declarar bien de interés histórico cultural el ex CCDyT conocido como Pozo de Quilmes. Las organizaciones pretenden trabajar con autonomía para recuperar ese espacio y quieren que la Comisión Provincial por la Memoria sea la encargada de gestionarlo. Por ANDAR

El expediente 2075 de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires es un proyecto de ley que busca declarar “bien de interés histórico cultural” al inmueble ubicado en Garibaldi 650, esquina Allison Bell, de la ciudad de Quilmes. Allí funcionó, entre 1975 y 1979, una de las más de 600 dependencias que se usaron durante la última dictadura cívico militar para el secuestro, tortura y desaparición forzada de personas: el ex centro clandestino de detención conocido como “Pozo de Quilmes” o “Chupadero Malvinas”. Su cara legal era la Brigada de Investigaciones de Quilmes.
Detrás del papel y de la letra que busca ser ley hay alrededor de 15 organizaciones que vienen trabajando por los derechos humanos de esa localidad hace años y en el proyecto de ley en los últimos meses. Los referentes de estos espacios debatieron y consensuaron “hasta las comas” de esta propuesta presentado por la diputada del FPV-PJ Evangelina Ramírez y buscaron el respaldo de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) para asesorarse.
Viviana Buscaglia, la secretaria de DDHH de la CTA de Quilmes, milita por los DDHH desde hace mucho tiempo y en distintos espacios. La diputada Ramírez la contactó en marzo porque quería presentar un proyecto para recuperar la DDI de Quilmes como un sitio de memoria. Quería entregárselo a Estela de Carlotto durante la presentación de un libro sobre su hija Laura en la semana de la memoria en marzo. “Quería entregarle a Carlotto un proyecto de ley sobre la desafectación del Pozo de Quilmes. Este es un tema histórico acá, hemos hecho mil señalizaciones pero nunca logramos avanzar en torno a una ley, salvo en 2007 que se presentó algo y no prosperó”, explica Buscaglia.
Frente a la iniciativa, las organizaciones plantearon la necesidad de debatir y consensuar el proyecto con quienes venían trabajando en el tema desde hace años. Una semana después de la presentación del libro iniciaron las reuniones. Después de varios meses de debate donde discutieron desde cómo nombrar el lugar, los objetivos, qué harán en ese espacio, hasta los contenidos más específicos llegaron al documento que aspira a ley. “La parimos”, aseguran.

La fortaleza de lo colectivo
Rubén Schell estuvo secuestrado 102 días en el Pozo y también integra el colectivo que aspira a gestionar el sitio de memoria. Cada uno de los que participan en este espacio sabe que su fortaleza es la pluralidad de perspectivas convertida en fuerza de trabajo. “Yo vengo de Lomas, y en mi experiencia con Barrios por la memoria, verdad y justicia de allá veo que lo colectivo es importantísimo. Saber que hay que respetar todas las ideas porque acá hay trabajadores, docentes, obreros, militantes políticos y jóvenes que quieren aprender. Lo amplio es la característica central de lo colectivo”, asegura.

Otra de las organizaciones involucradas es la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Soledad Astudillo, su secretaria, coincide con Schell: “la historia ha demostrado que la organización es lo que vence. Lo que da fuerza y permite que uno encuentre a otros que por ahí estaban aislados pero peleando por lo mismo”.
Cuando vieron que sus esfuerzos podían concretar la recuperación del sitio buscaron fortalecer sus lazos con la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) a la que buscan transferir el edificio “para la administración, explotación, uso y goce, por el término de noventa y nueve (99) años”, según proponen en el proyecto de ley. “En la gestión debe prevalecer el principio de la autonomía en las decisiones acerca de qué hacer en el sitio y cómo hacerlo”, fundamentan, y la experiencia de la CPM es el modelo a seguir en este sentido.
“Para nosotros fue muy importante que el conjunto de organizaciones que está trabajando para que el Pozo de Quilmes se constituya en un sitio de memoria haya pensado que la mejor institución de la que podía depender el lugar orgánicamente sea la Comisión Provincial por la Memoria. La decisión tuvo que ver sobre todo con el grado de autonomía y de referencialidad política de la CPM en la temática, por los referentes que integran el organismo y por la trayectoria de trabajo”, señaló Sandra Raggio, directora general del organismo.

Los desafíos hacia adelante
El proyecto, recién ingresado a Diputados, tiene que seguir las vías parlamentarias y convertirse en ley. Una de las cuestiones más problemáticas si se aprueba la ley es el traslado de la DDI que funciona actualmente en el edificio y puede traer resistencias, no sólo del personal policial sino de otros actores en el barrio. “Es un barrio de sectores medios altos y sabemos que no necesariamente a todos les puede conformar convertir este lugar en un sitio de memoria, pero tendremos que trabajarlo”, dice Buscaglia.
Astudillo tiene la misma mirada: “Convertir esto en un sitio de memoria puede estar atado a una ley, pero hay un proceso que se da después que tiene que ver con su inserción en el barrio, en darlo a conocer, en generar espacios de encuentro con actividades vinculadas a la promoción de los derechos humanos, que la gente pueda empezar a sentirlo propio”.
Para eso las organizaciones tienen proyectados diversos objetivos y líneas de trabajo vinculadas al deber de memoria: transmitir, fomentar, capacitar, promover, colaborar, propiciar, son algunos de los verbos que se enumeran como horizonte del sitio. “Si recuperamos el espacio hay que llenarlo de pibes, de gente, de memoria, de vida. Porque acá hubo horror, tortura, muerte, historia de muchos quilmeños y otros compañeros por los que hay que devolver vida”, sintetiza Buscaglia.

Fuente: http://www.redeco.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=19160:pozo-de-quilmes-donde-hubo-muerte-hay-que-devolver-vida&catid=18:ddhh&Itemid=504

Carta, desde la cárcel, de Milagro Sala a Gerardo Morales


“NO TE ANIMAS A DISCUTIR CONMIGO”, LE DIJO SALA EN UNA CARTA AL GOBERNADOR DESDE EL PENAL.

MORALES AMENAZA A MILAGRO SALA CON TRASLADARLA A UNA CÁRCEL FEDERAL POR HABLAR CON LOS MEDIOS Y EJERCER SU DEFENSA.

El gobernador Gerardo Morales, a través de su ministro de Seguridad, Ekel Meyer, amenazó a Milagro Sala con trasladarla a una cárcel federal por hablar con los medios de comunicación y por ejercer su legítimo derecho de defensa al negarse a ser notificada en causas inventadas por el Poder Judicial que responde en forma directa al Poder Ejecutivo. Los abogados de Sala señalaron que el único fin es amedrentar a la dirigente y que no hay ningún elemento legal ni justificación normativa que permita sostener esa amenaza. Por su parte, la dirigente social, escribió una nueva carta desde el penal de Alto Comedero donde se encuentra privada ilegalmente de su libertad desde el 16 de enero y en la que le advierte a Morales que “no se puede gobernar con miedo”.

Días atrás, el ministro de Seguridad Ekel Meyer, en declaraciones periodísticas, le envió un mensaje a Milagro Sala y a su familia: “La justicia estaría evaluando trasladar a la referente la organización social Tupac Amaru a una cárcel federal debido a que constantemente se resiste a asistir al juzgado para cumplir con trámites judiciales”, señaló. Y dijo respecto a entrevistas telefónicas que la diputada del Parlasur brindó al periodista local José Luis Politi y a Reynaldo Sietecase a nivel nacional: “Está prohibido que tengan celulares y está prohibido que den entrevistas sin autorización”.

Desde la defensa de la diputada aseguraron que “Milagro Sala está privada de su libertad ambulatoria, pero en ningún modo se la puede privar de su derecho a la libertad de expresión”. Por otra parte, los llamados se realizaron desde el teléfono público habilitado en el penal para las comunicaciones de las internas. La privación de la libertad como medida cautelar o como pena, más allá de su ilegalidad como en este caso, no puede limitar la libertad de expresión de una persona detenida. La intención de que no pueda hablar con los medios constituye un caso de manifiesta censura a exponer y manifestar sus ideas, derecho reconocido internacionalmente por múltiples instrumentos y pactos. En cuanto a la referencia que hiciera Meyer a una supuesta prohibición de aquellas comunicaciones, la que a la fecha la defensa no ha tomado conocimiento, sería una norma claramente inconstitucional, por resultar una limitación absolutamente arbitraria al derecho a la información y a la expresión”, explicaron.

Por otra parte, y en referencia a la amenaza de cambiar el lugar de detención de la dirigente, los abogados indicaron que “no existe ninguna razón para un traslado cuando Milagro está detenida por delitos que son de competencia provinciales. No hay una sola razón que pudiera habilitar la detención en una cárcel federal. El único motivo, y así lo están utilizando, es a modo de amedrentamiento y para mantenerla alejada de su familia, de sus abogados y como modo de disciplinamiento. Ninguna de las leyes que reglamentan la privación de la libertad de un detenido provincial habilita el traslado a una cárcel federal; evidenciando que lo que eventualmente debiera ser una resolución del poder judicial está en manos del Gobernador Morales, y de sus ministros, quienes en definitiva tienen detenida a Milagro Sala”.

Por último, señalaron desde la defensa, “el Poder Judicial está manejando un doble estándar: unas reglas para Milagro Sala y otras para quienes la denuncian”, indicaron en referencia a la situación de Jorge Paes, acusado por tentativa de homicidio y que luego de declarar en contra de la dirigente social indicó que “tenía miedo de su integridad por estar alojado en el Penal dependiente de la provincia”. El juez Pullen Llermanos, en lugar de pedir su traslado a una cárcel federal, le otorgó el beneficio de la prisión domiciliaria, a pesar de no cumplir con ninguno de los requisitos legales para su procedencia.

LA CARTA DE MILAGRO SALA A MORALES: “GERARDO, NO SE PUEDE GOBERNAR CON MIEDO”

Con humildad Gerardo, te pregunto: ¿a qué le tenes tanto miedo? ¿Por qué tanta obsesión contra mi? ¿No te alcanza con tenerme detenida desde hace casi 7 meses que ahora también queres ponerme un bozal? ¿No te alcanza con tener todo el aparato del Estado puesto al servicio de perseguirme a mí y a mis compañeros?

No cumpliste con ninguna de tus falsas promesas de campaña. Con suerte, a los cooperativistas que por miedo o desesperación aceptaron agachar la cabeza y rendirse a tus pies, no les diste más que migajas. Prometiste sueldos de 8500 pesos y no les diste más de 2500.

Hablaste de transparencia. Contanos a todos los jujeños qué hiciste con los 1500 millones de pesos que ya te entregó el gobierno nacional. Puedo apostarte a que cuando termines tu mandato no vas a haber construido en la provincia, con todos los recursos, ni la mitad de lo que hicimos nosotros.

Está aumentando diariamente la desocupación y no sólo de los cooperativistas a los que dejaste en la calle para hacer tus negocios con las empresas privadas. Estás dejando sin trabajo a 800 trabajadores del Ingenio La Esperanza –en donde tuviste responsabilidad de la quiebra junto con tu socio Eduardo Fellner- para beneficiar a tu amigo Blaquier. A fin de año cierra Mina Pirquitas. Cientos de empleados públicos hoy son nuevos desocupados.

De un día para el otro, el boleto de transporte pasó de 5,50 a 8 pesos; a diferencia de otros gobernadores que apoyaron a la gente, vos avalaste los tarifazos en la provincia; se firmaron nuevos contratos con la empresa de recolección de basura que sólo benefician a los radicales y a tus socios históricos. Para el pueblo, para los más humildes: nada.

Por estas cosas me tenes tanto miedo. Tenes miedo de darme la libertad porque soy tu única opositora. No te animas a discutir política conmigo y utilizaste a la justicia que vos armaste para que ejecuten tus caprichos. No podes soportar que mantenga, a pesar de todo lo que me estás haciendo, mis convicciones.

Pero no se olviden, Gerardo, que el poder no es eterno y que ya va a llegar la hora en que tengan que rendir cuentas a la gente, que es la que verdaderamente importa.

Por eso, con cariño Gerardo, de corazón, un consejo: empezá a gobernar para todos los jujeños.

Fuente:  https://cynthiagarcia.com.ar/2016/07/05/carta-desde-la-carcel-de-milagro-sala-a-gerardo-morales/