"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar"
Argentina.
Fue imputado por presunto enriquecimiento ilícito: Néstor Grindetti admitió
haber hecho “una reserva” en Panamá
El intendente de Lanús consideró que “está perfecto” el
pedido que hizo el fiscal Patricio Evers a la jueza María Servini de Cubría
para investigar su presunta vinculación con una cuenta en Suiza y un poder
legal para manejar una empresa en un paraíso fiscal, y sostuvo que no hay
incompatibilidad entre tener empresas en el exterior y ser funcionario público:
“Si uno hace una operación y la declara, no veo por qué no sería ético”.
Además, volvió a negar que tiene cuentas o empresas offshore
pero admitió que mientras era ministro de Hacienda del gobierno porteño que por
entonces encabezaba el ahora presidente Mauricio Macri hizo una “reserva” para
operar que “nunca se llegó a concretar”. “No firmé absolutamente nada. En 2010
pensé hacer una inversión en el exterior, vimos de encargar una sociedad,
pedimos una reserva, pero nunca se llegó a concretar. Si no, se hubiese
declarado. Al no tener actividad, el valor económico es cero”, expresó.
En declaraciones a radio La Red, el dirigente macrista,
imputado por presunto enriquecimiento ilícito en el marco de una investigación
desprendida del escándalo de los Panamá Papers, explicó además que cuando
“cuando uno encarga (una empresa) viene con un poder”, pero insistió con que
“nunca se usó”.
“Esto ya lo habíamos explicado oportunamente. Lo de ayer es
un paso procesal lógico que está tomando el fiscal en la investigación. Pero
estas sociedades nunca tuvieron actividad, no llegaron a hacer ninguna
operación comercial o financiera”, afirmó Grindetti.
Evers imputó al intendente de Lanús por el poder legal que
tenía para operar con la empresa Mercier International SA, constituida en
Panamá en 2010, y otro para gestionar fondos de la compañía depositados en el
banco suizo Clariden Leu Limited, situación que genera “la posibilidad” de un
incremento patrimonial del acusado “sin justificación”.
Un expolítico de Macrienvuelto en corrupción
Por otro lado, el político argentino Néstor Grindetti, quien
fue ministro de Finanzas del entonces gobernador de la Capital Federal,
Mauricio Macri, se encuentra envuelto en hechos de corrupción por
enriquecimiento ilícito.
Grindetti, superintendente de la municipalidad bonaerense de
Lanús, enfrenta una denuncia legal por la creación de empresas fantasmas en
paraísos fiscales. El hecho surgió luego de que se descubrieran los nombres de
las empresas, tras el escándalo de los Panamá papers.
La denuncia legal la abrió el fiscal federal Patricio Evers
contra Grindetti a quien imputaron este martes por delitos de corrupción, así
como su participación directa en sociedades osffshore, creada por la firma de
abogados Mossack Fonseca en la Ciudad de Panamá.
El actual jefe de la comunidad de Lanús no incluyó en su
declaración jurada la cuenta Suiza ni las acciones de la firma Mercier
International, que son al portador, una forma de ocultar a los verdaderos
dueños. Entre Julio de 2010 y Julio del 1013, habría tenido poderes y una
participación especial en el grupo de abogados, para participar en la firma
Mercier International, además de la influencia para su participación en un
banco suizo de la firma Clariden Lew AG.
Como medidas para abrir las investigaciones, la Fiscalía solicitó
a la Jueza Servini que libre exhortos a Suiza y Panamá. Actualmente el
presidente Macri es investigado por su participación en empresas fantasmas en
Panamá y Bahamas. De igual forma Evers solicitó a la jueza Servini pedir al
gobierno porteño de la municipalidad de Lanús, las declaraciones juradas de
Grindetti hasta la fecha.
La denuncia inicial la presentó el fiscal de instrucciones
Martin Kiklison, tras conocerse el informe del escándalo sobre los Papeles de
Panamá o Panamá Papers. El intendente tenía en 20012 orden de captura y prisión
preventiva, no obstante y sin inconvenientes, asistió al mundial de fútbol en
Brasil, porque de acuerdo con sus declaraciones esa orden no tenía ninguna
vigencia.
Dale Fuego: Entrevista a Julio César Urien, un militar patriota que
enfrentó a la dictadura
Entrevistamos en el programa Dale Fuego a Julio César Urien,
Teniente de Fragata (retirado), y dirigente Montonero.
Conversamos sobre sus primeros años como miembro de la
Marina, los debates entre los estudiantes y jóvenes oficiales respecto a la
orientación de la fuerza y su rol en el proceso político posterior al
Cordobazo. Nos acercó a su vinculación a Montoneros, el armado de una corriente
de marinos que resistía las orientaciones de la DSN y tenia la voluntad de
unirse al pueblo, como actuaron frente al regreso de Perón y como se desarrollo
el levantamiento que él condujo y que llevó a la toma de la ESMA en 1972.
Fuente: http://www.barricadatv.org/?p=5205
La noche que la Esma fue peronista y revolucionaria
Juan Perón volvía por primera vez a la Argentina después de
18 AÑOS de exilio forzado. Julio César Urien era un joven oficial de la Armada,
una fuerza tradicionalmente gorila.Cumplía funciones en la ESMA en noviembre de 1972, mucho antes de que se
convirtiera en el trágico campo de concentración. Lideró un grupo de
suboficiales y oficiales que tomó sus dependencias a pocas horas de la llegada
del líder.
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Prensa Popular
Juan Perón volvía por primera vez a la Argentina después de
18 años de exilio forzado. Julio César Urien era un joven oficial de la Armada,
Julio César Urien, infante de Marinaun arma tradicionalmente gorila. Cumplía
funciones en la ESMA en noviembre de 1972, mucho antes de que se convirtiera en
el trágico campo de concentración. Había tomado contacto con el peronismo
revolucionario, como muchos jóvenes de la época, a través de los curas
tercermundistas. Lideró un grupo de suboficiales y oficiales que tomó las
dependencias de la ESMA, pero el grupo estaba infiltrado por un agente de
inteligencia, eso permitió que Urien fuera detenido y que el resto de los
sublevados, unas horas después y ya lejos de la Esma, depusiera las armas.
Todos fueron presos pero el dictador Lanusse acusó recibo de la rebeldía que
crecía aun dentro de las filas militares.
Faltaban apenas cuatro días para la llegada de Perón y las
cosas se complicaban. En la compañía de Julio César Urien hubo cambios. Sus jefes
incorporaron a varios oficiales y reubicaron a algunos suboficiales. Por
momentos, Julio atribuía esos movimientos a la orden de formar grupos
contrainsurgentes; después suponía que alguna información debía haberse
filtrado.
La idea del levantamiento lo llenaba de dudas. Pero, al
final, suspiraba y suponía que ninguna duda era lo bastante importante como
para desalentarse. En uno de sus últimos encuentros con Orueta, los dos
evaluaron las diversas hipótesis:
–Mirá, yo creo que nuestra detención es inminente. Anteayer
metieron en los calabozos a unos soldados peronistas, les hicieron preguntas
sobre si sabían algo de un levantamiento. Los colimbas no sabían nada, no les
pudieron decir nada, pero los tipos tienen indicios por todos lados... Así que
antes de que nos detengan vamos a tomar la Esma, pero sólo con nuestra
compañía: el resto de la oficialidad y la suboficialidad no tiene que quedar
comprometido con esto. Yo creo que va a ser un hecho político que va a golpear
duro en los mandos de las Fuerzas Armadas. En cambio si nos agarran sin hacer
nada es un fracaso.
Para Orueta también había llegado el momento de actuar. Era
un agente encubierto de la Fuerza Aérea: por un lado, tenía que informar
algunas imprecisiones a la conducción de Montoneros y, por otro, otras
imprecisiones a la Fuerza Aérea, para que los militantes se comieran la carnada
y los militares no lo mandaran al frente como carne de cañón.
Orueta fue a lo suyo:
–Comodoro, le habla el Tero. Tenemos que vernos urgente.
Faltaban dos días para el levantamiento.
El 15 de noviembre, un pelotón de oficiales y suboficiales
se presentó en la cuadra de la compañía donde estaba Urien, que tenía a su
cargo ese turno de la guardia de la Esma. Hablaron con el jefe y, en pocos
minutos, les sacaron todas las armas portátiles sin dar explicaciones.
–Orden de la superioridad.
Las camas de la compañía estaban en la planta baja del
edificio: los que vinieron con la orden las cargaron con fusiles y pistolas y
se las llevaron al piso de arriba. Las dejaron bajo llave, con una guardia de
suboficiales de mucha antigüedad, que tenían toda la confianza de los mandos.
Al mismo tiempo, otro grupo tomaba prisioneros a dos cabos segundos del estado
mayor de Urien. Dos horas después, el capitán Iribarne llamó a los oficiales
del batallón al casino y les pasó las novedades:
–Tenemos la versión de que hay problemas dentro del
batallón. Se habla de una sublevación. Señores, quiero que ustedes me digan qué
pasa en cada compañía, en cada sección.
Todos los jefes pusieron las manos en el fuego por sus
hombres, con las reservas que la situación imponía: que el momento que se
estaba viviendo, que la incertidumbre por la llegada de Perón, que el clima
general, pero todos aseguraron que no podía haber levantamiento alguno.
En la madrugada del 16, mientras desayunaba, Urien pensó que
había llegado al día D con muchas más contras que las que había previsto. Al
rato, se reunió con sus suboficiales de confianza y, tanteándolos, confirmó que
estaban completamente decididos a seguir adelante.
–Bueno, entonces que el cabo segundo Esteban pida parte de
enfermo; una vez que salga tiene que ir a una cita con un compañero. Que le
confirme que en menos de veinticuatro horas vamos a sublevarnos porque
empezaron con las detenciones y desarmaron a la compañía, así que vamos a
encarar para Lomas como habíamos quedado, salvo que ellos le den una indicación
en contrario. Deciles que manden alguna información a los diarios y pongan que
los cuatro mil fusiles y pistolas entregados al pueblo son para defender la
soberanía popular y para respaldar el regreso definitivo de Perón a la
Argentina. Y que aclaren que en la Argentina hay militares que están del lado
del pueblo y contra la oligarquía. ¿Comprendido?
A las dos de la tarde, el cabo Esteban fue a la cita, y a
las cuatro horas volvió a la Esma con la excusa de que se había olvidado unas
cosas. Adentro habló con Julio para decirle que se había encontrado con Orueta
y que estaba todo en orden.
La suerte estaba echada. Eran casi las ocho de la noche.
Urien fue a la cuadra de la compañía y llamó a los trece suboficiales que
componían su estado mayor, más los dragoneantes que estaban a cargo de los
pelotones y que ya sabían lo que estaba pasando:
–Nos quedan dos alternativas: o nos dejamos agarrar sin
hacer nada o demostramos que también hay militares del lado del pueblo.
Urien recorrió con su mirada las caras de los treinta
hombres. Tras un breve silencio, empezaron los apoyos.
–¡Vamos a buscar a Perón, carajo!
Todos asintieron, salvo uno.
–Yo tengo miedo, oficial. No me pliego.
–Bueno, dejen al cabo maniatado en el baño para que no lo
incriminen. El resto, nos ponemos uniforme de combate y nos reunimos en cinco
minutos de nuevo acá.
Poco después, todos los conjurados estaban listos, pero sin
armas, salvo Urien que, como oficial, había conservado su pistola personal.
–Nuestra identificación va a ser esta vincha celeste y
blanca.
Urien sacó de un bolso un puñado de cintas argentinas y las
fue entregando una por una. Era una ceremonia tensa y silenciosa. Todos se
daban cuenta de la gravedad del paso que estaban dando. Como Urien era uno de
los instructores y todos lo conocían, él pasaría por los puestos de guardia, se
pondría a conversar e inmediatamente irían llegando los pelotones leales para
desarmarlos y tomarlos prisioneros.
–Mientras yo voy al casino de oficiales a ver cómo están las
cosas, los pelotones A y B tienen que subir y reducir a los suboficiales que
tienen en custodia el armamento de la compañía. Una vez que estén todos
pertrechados, se ajustan las vinchas y me esperan listos. Cuando yo vuelva
entramos en operaciones. ¿Comprendido?
Un cabo levantó el brazo, hizo la ve y gritó:
–¡Viva la patria!
–¡Vivaaa!
Urien iba al casino de oficiales para averiguar qué había
pasado con los dos suboficiales detenidos. Si alguno de ellos había cantado,
todo estaba perdido. Antes de salir, llamó aparte a los dos suboficiales que lo
secundaban en el mando.
–Si en una hora no estoy de vuelta, sigan con el plan.
Antes de ir al casino, Julio hizo una recorrida a pie por el
cuartel. A los diez minutos se encontró con otro oficial de su compañía, un año
más antiguo y muy gorila:
–Tengo un mal presentimiento. Algo está pasando, Urien.
Vení, acompañame a la cuadra.
Urien lo siguió y fueron a paso rápido. Al entrar a la
cuadra, todo estaba oscuro. De pronto, dos cabos y dos soldados con vinchas
argentinas encañonaron al oficial con sus fusiles:
–¡Entréguese! ¡En nombre de la revolución y el pueblo,
entréguese!
Julio volvió a salir, esta vez acompañado por uno de sus
soldados, hacia la guardia central.
En ese momento, en el casino de oficiales estaban
interrogando a un cabo segundo que había confesado el complot y que aguantó un
rato sin decir quién era el jefe. Mientras Julio recorría las tres cuadras que
separaban la sede de la compañía sublevada del casino, el cabo segundo terminó
de hablar:
–El que dirige el complot es el guardiamarina Urien y se va
a sublevar esta noche. Van a tomar la guardia central.
Afuera, Julio seguía caminando. Había caído la noche. Todo
estaba muy tranquilo y vio que una camioneta paraba al lado de la guardia. No
le dio importancia: pensó que sería un vehículo más para la retirada.
De inmediato, apuntaron a Urien.
–Si se mueve lo mato!
–Entrégueme su arma.
Urien pensó qué hacer. Le quedaba una esperanza: era
probable que el grupo que lo secundaba llegara a la guardia antes de que lo
llevasen detenido. En ese caso, la situación se daría vuelta y podrían seguir
adelante.
–¿Así que vos sos el jefe de una sublevación?
Mientras tanto, el levantamiento no se detenía. Dos
pelotones llegaron a la guardia central y, sin despertar mayores sospechas,
tomaron posiciones.
–Práctica. Estamos controlando la seguridad –dijo uno de los
cabos sublevados mientras otros dos
irrumpían por la puerta trasera, gritando:
-¡Entréguense en nombre de la revolución!
Una vez tomada la guardia, la sublevación fue un hecho. Un
grupo de cabos fue hasta los calabozos y liberó a unos marineros. El mando
operativo del levantamiento había recaído sobre los suboficiales que
constituían el estado mayor de Urien. Cuando escucharon el último tiroteo, los
oficiales del casino se dieron cuenta de que el levantamiento iba en serio. Se
apostaron en las ventanas con las pocas armas que tenían. Uno agarró el
teléfono:
–¿Con el comando en jefe? Tenemos una sublevación...
–¿Con la policía? Lo llamo de la Escuela de Mecánica de la
Armada. Es una emergencia, hubo un ataque...
Mientras tanto, los rebeldes seguían cumpliendo sus
objetivos: tomaban las guardias, las cuadras, los depósitos de armas, los
garajes de vehículos de transporte y las puertas de acceso al cuartel.
A esa altura los sublevados eran alrededor de trescientos.
Los fogonazos y ruidos de disparos no alertaron en lo más
mínimo a los vecinos de Núñez. Era normal en un cuartel. El primer Torino de la
Policía Federal se presentó en la puerta del cuartel:
–Tuvimos un llamado. ¿Hay irregularidades?
–Pasen por acá.
Los policías fueron recibidos por cuatro hombres con FAL que
tenían cara de pocos amigos:
–Quedan detenidos en nombre de la revolución....
Lo único que les faltaba era liberar al jefe.
–¡No tiren, traigo un mensaje! Si no lo largan a Urien en
cinco minutos, van a empezar a fusilar a los prisioneros.
El capitán de navío Fernando Romero, director de la Esma,
que ya había recibido instrucciones del almirantazgo, reunió a los oficiales
jefes y les dijo que la Armada no iba a ceder:
–A Urien no lo damos. Díganles a los sublevados que fue
trasladado al Comando en jefe de la Armada.
Los suboficiales sublevados no podían saber si era un truco.
Tenían a su mando trescientos hombres, miles de fusiles, armas pesadas y
vehículos.
–Encolumnen los vehículos en la puerta. Dejen a los
prisioneros, salvo al comandante del batallón y al segundo; a esos los llevamos
con nosotros. Y que todos nuestros hombres estén preparados para el combate.
¡Viva Perón!
-Vamos a Lomas de Zamora y nos atrincheramos allá.
Se daban valor cantando la Marcha Peronista. Sobre el
Atlántico ya estaba volando el avión que traía al General.
Eran las dos de la madrugada del viernes 17 de noviembre.
Los sublevados confiaban en encontrarse con los Montoneros. No sabían que
Orueta los había entregado.
Llegaron a la plaza de Lomas de Zamora al cabo de una hora y
media. La policía provincial había seguido al convoy a distancia, sólo para
informar el rumbo.
Poco después de las tres de la mañana los sublevados tenían
los camiones colocados en formación defensiva y estaban dispuestos a instalar
sus ametralladoras, armas antitanque y morteros. La noche era oscura, miraron
alrededor y quedaron desolados: nadie los esperaba. Se atrincheraron pero al
cabo de un rato empezaron a llegar tanques y tropas de infantería del Ejército
que les cortaban las vías de salida y, a través de altoparlantes, les ordenaban
deponer su actitud.
A las cuatro de la madrugada negociaron una rendición sin
represalias. Los llevaron de vuelta a la Esma. Allí, en el casino de oficiales,
Urien seguía atado a su silla, sin ninguna información sobre el destino de sus
hombres. Le hubiera gustado saber si habían ganado o perdido, aunque no tenía
muy claro qué habría sido ganar, y qué perder. Pero de una cosa estaba seguro
aquel 17 de noviembre: la historia no les había pasado por el costado. Regresar
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Argentina: Intento de Censura al libro “Operación Chacabuco.
Peronismo ortodoxo, dictadura, indultos”
¿Qué relación guarda el comisario torturador Miguel
Etchecolatz con la interna peronista de los años ´70, o el Batallón 601 con el
ex diputado nacional Julián Domínguez, o el asesino Juan Domingo López con el
ex vicepresidente de la nación Eduardo Duhalde? Pues, todos los caminos
conducen a la ciudad de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires (fragmento
del libro que se intenta censurar).
La crónica:
A mediados de abril de este año (2016) llegaron varias
cartas documento al domicilio de editorial Quadrata (dirigidas a Juan
Chazarreta, Bruno Napoli, editorial Quadrata, y diseñadores de tapa del libro).
La misiva convocaba para el día 29 de abril de 2016,a una audiencia de mediación por supuestos “daños y perjuicios”
que le habría producido el libro Operación Chacabuco a uno de los mencionados:
Julián Domínguez (ex intendente de Chacabuco, ex ministro de la nación, ex
presidente de la Cámara de Diputados de la Nación).Su abogado y representante es el Dr. Eduardo S. Barcesat.
La editorial solo pudo dar cuenta del autor, Juan J.
Chazarreta, y del responsable de la edición de contenidos fue Ariel Pennisi,
curador de la obra y encargado de la idea, diseño y demás formatos técnicos,
además de ser codirector de la colección Autonomía. Sobre el resto, al momento
de la primera audiencia, el abogado de la editorial no contaba con información.
Anoticiado, el autor del libro, Juan J. Chazarreta (quien,
si bien es oriundo de Chacabuco, vive Santiago del Estero como militante del
MOCASE-VC) viajó a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para hacerse presente en
la audiencia. Los abogados por la parte del autor fueron Oscar Rodríguez
(Equipo Jurídico del MOCASE-VC y miembro de la APDH) y Rodolfo Baque.
1º audiencia de Mediación.
El día de la audiencia, el ex diputado Julián Domínguez no
se presentó; su abogado tenía un poder para representarlo. La parte demandada
decidió retirarse no aceptando diálogo alguno dentro de la formalidad de la
audiencia, hasta que Domínguez no se hiciera presente. La mediadora propuso una
nueva mediación con fecha 27 de mayo. De todos modos, se tensó un debate entre
los abogados del autor y Barcesat, abogado de Julián Domínguez, quien dio a
entender que el “problema” estaba en el prólogo y la contratapa, y solicitó que
la pregunta retórica presente en el prólogo y plasmada en la contratapa debía
ser cambiada. (“¿Qué relación guarda el comisario torturador Miguel Etchecolatz
con la interna peronista de los años ´70, o el Batallón 601 con el ex diputado
nacional Julián Dominguez, o el asesino Juan Domingo López con el ex
vicepresidente de la nación Eduardo Duhalde? Pues, todos los caminos conducen a
la ciudad de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires. Y el libro que aquí se
nos presenta, logró, con rigurosidad historiográfica, demostrar cómo estos
caminos se cruzan”-fragmento del prólogo ubicado en la contratapa). La
información volcada en el capítulo correspondiente, que relata la vinculación
entre Julián Domínguez y el ex agente del Batallón 601 Joaquín de Anchorena,
fue reconocida incluso por la parte querellante. También se pidió un cambio en
el “diseño” de la contratapa. Los Dres. Rodríguez y Baque (por la parte de
Chazarreta) reafirmaron su postura de no dialogar sin la presencia del
denunciante (Julián Domínguez) y pidieron previo aviso si en la próxima
audiencia el querellante no habría de presentarse.
2º audiencia de mediación
El día 27 de mayo se presentó nuevamente Juan J. Chazarreta
(autor del libro) con sus abogados, Rodríguez y Baque; también se presentaron,
por su propia voluntad y por ser aludidos en las consideraciones del abogado
del denunciante (pues sostienen que el problema ya no es el libro sino el
prólogo y el arte de contratapa, como el propio Julián Domínguez dejó
trascender en una nota periodística en un diario de Chacabuco) Bruno Napoli
(autor del prólogo) y Ariel Pennisi (editor y curador). Nuevamente, el ex
diputado nacional Julián Domínguez no se presentó, dejando en manos de su
abogado Eduardo Barcesat su posición.La parte demandada nuevamente se negó a avalar la mediación hasta tanto
no se presentara el denunciante. A pesar de que no hubo audiencia, E. Barcesat
insistió en el cambio del prólogo, y ante la negación rotunda de su autor,
Bruno Napoli, el letrado pidió –esta vez informalmente, ya que la audiencia
había quedado descartada– que “por lo menos” se ofrezca un texto de alcance
público dando cuenta de las razones por las cuales el nombre de su defendido
aparece en la contratapa del libro y en el prólogo (¿una suerte de
justificación o incluso disculpa por el prólogo?). Claramente, este pedido
también fue rechazado. Ahora solo resta esperar la decisión de la parte
denunciante, que tiene dos opciones: desestimar la denuncia por inconsistente,
o continuar la vía legal e ir directamente a juicio.
Últimas Noticias.
El sábado 18 de junio de 2016, Eduardo Barcesat dio una
charla sobre Derecho en la casa peronista de Chacabuco. Estuvo acompañado por
Julián Dominguez. Al final, hablaron del libro “Operación Chacabuco” donde
nuevamente no contaron todo lo sucedido, pues no aclaran por ejemplo que Julián
Dominguez, por segunda vez falta a la mediación, haciendo viajar a Juan
Chazarreta desde Santiago de Estero, donde pasa la mayor parte del año, pues
milita en el MOCASE;o por ejemplo dice
que el responsable de la tapa y contratapa no se presentó, cuando es falso,
pues si se presentó, pero se retiró al estar otra vez ausente Julián Dominguez,
con quien queremos hablar personalmente alguna vez.
El libro Operación Chacabuco cuenta, hasta el momento, con
las siguientes adhesiones:
Silvina Giaganti (Integrante de la comisión de Trabajo por
la reconstrucción de Nuestra identidad)
*CECIM (Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata)
*CEVECIM (Centro el Veterano Ex Combatiente Islas Malvinas
Berisso)
*ACOMADEH (Asoc. Combatientes de Malvinas por los DDHH)
*Nora Cortiñas
*Osvaldo Bayer
*APDH La Plata
*APDH Mesa Nacional *MOCASE-VC *MNCI-VC
*Comisión Memoria y Justicia de Chacabuco
Prólogo de Operación Chacabuco
Un silencio quebrado.
Solo una cosa no hay, es el olvido
Dios, que salva el metal, salva la escoria
Y guarda, en su profética memoria,
Las lunas que vendrán, y las que han sido.
Jorge Luis
Borges.Everness. (El otro, el
mismo. 1964)
Romper el silencio se impone como una tarea colosal en este
libro. Años de una palabra en voz baja, años de un secreto a voces de lo que
sucedió en Chacabuco, quedan, como sostiene Borges en el poema “Everness”,
cifrados en la memoria de las lunas que vendrán. Pero además, como mérito
extra, y no menor de esta investigación, Juan Chazarreta nos trae de un supuesto
olvido, nombres cotidianos, nombres de la primera línea de la política actual,
como si la reconstrucción que realiza de su ciudad, hablara en tiempo presente.
Nombres que han forjado, mal que nos pese, el derrotero de los últimos 40 años
de la Argentina, y todos están ligados, de una u otra forma, a Chacabuco.
Genealogía
¿Qué relación guarda el comisario torturador Miguel
Etchecolatz con la interna peronista de los años ´70, o el Batallón 601 con el
ex diputado nacional Julián Dominguez, o el asesino Juan Domingo López con el
ex vicepresidente de la nación Eduardo Duhalde? Pues, todos los caminos
conducen a la ciudad de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires. Y el libro
que aquí se nos presenta logró, con rigurosidad historiográfica, demostrar cómo
estos caminos se cruzan. Uno de los primeros logros del libro, consiste en
acercarnos a una realidad muy dura de la Argentina de los 70: el terrorismo de
Estado fue posible, entre otras cuestiones, por la dura interna peronista de
esa década. En Chacabuco, como en muchas ciudades e incluso en 6 gobiernos
provinciales, el último gobierno peronista estuvo marcado a fuego (cruzado) por
las luchas intestinas entre la ortodoxia peronista (de derecha recalcitrante) y
los sectores juveniles del peronismo, que determinaron destituciones a granel
de intendentes por toda la Argentina, e incluso golpes palaciegos en varias
gobernaciones. Esta interna, cuenta como elemento fundamental, la participación
de fuerzas militares y policiales, que intervinieron en favor de los sectores
ortodoxos, con una violencia sobre los cuerpos (asesinatos y desapariciones de
centenares de militantes) que sería el prolegómeno de lo que la última
dictadura militar aplicaría a escala nacional. Operación Chacabuco nos da
indicios concretos de estos actos, de las internas que cruzan la ciudad, de la
lucha. Y nos trae nombres que luego tendrán peso a nivel nacional tanto en
dictadura como en democracia. Aquí aparece la escabrosa genealogía: el
torturador Miguel Etchecolatz dirigiendo el operativo policial que asegure la
destitución del intendente de Chacabuco, denunciado por “simpatizar con los
jóvenes marxistas del movimiento peronista”. O Juan Domingo López, enviado como
“delegado normalizador” desde Lomas de Zamora (cuando el joven del peronismo ortodoxo
Eduardo Duhalde ocupaba la intendencia luego de destituir al auténtico
intendente Pedro Turner) y terminará asesinando a Máximo Gil. Para completar
una genealogía de ignominia, el autor consigue el testimonio de un ex agente
del terrible Batallón 601 del ejército, quien luego será un protegido político
de Julián Dominguez…..todos los caminos cruzados y el peronismo como razón
permanente de estos senderos.
La antesala.
Cuando las FFAA argentinas tomaron el poder en 1976, se
hicieron cargo del Poder Ejecutivo nacional y de las gobernaciones
provinciales. Pero al mismo tiempo, los mandos militares debieron designar
intendentes en los cientos de distritos que conforman hoy el mapa político
argentino. En la provincia de Buenos Aires, el general Ibérico Saint Jaint
(gobernador designado por Videla) acusando recibo de lo que heredaba, nombró
civiles en el 90% de los 124 distritos. Pero hizo dos fundamentales excepciones
para mantener la disciplina: por un lado el conurbano bonaerense, distritos
fabriles y álgidos de la militancia. Por otro lado tres ciudades del interior
de la provincia, una de ellas Junin. En estos dos espacios distritales nombró
intendentes militares. Mencionamos la ciudad de Junín, clave en este libro,
pues desde esta localidad vecina salieron los operativos armados para la
represión en Chacabuco. Allí cumple funciones durante 6 años, un intendente
militar. Nada casual. Nada librado al azar. Y el autor logra desentrañar esa
lógica con un conocimiento del organigrama represivo poco común.
Paradojas.
Un detalle que nos recuerda el libro: el dictador Ibérico
Saint Jaint firma el decreto 9443/79 denominado “Ley orgánica de
municipalidades”, que establecía, entre otras cosas, la posibilidad de remover
intendentes, y designar nuevos, de acuerdo a su actuación pública. Y aquí, la
primera paradoja: esta “atribución” de sanción ya había tenido lugar en
democracia, de “facto”, durante el período 1973-76. En esos aciagos años, los
delegados “normalizadores” del peronismo, podían elevar informes al gobernador,
denunciando desvíos en la “doctrina justicialista” y comenzar una campaña de
desestabilización en la intendencia, que siempre terminaba en la destitución
del intendente, y su reemplazo por el peronista que se ajustara a la “norma”.
Siempre un ortodoxo.
Otra atribución obvia que se otorgó la dictadura militar fue
la persecución de los opositores políticos al régimen, con el consecuente
secuestro y posterior desaparición de estos activistas. Y el autor nos trae
otra vez la paradoja: durante la breve democracia 73-76, la feroz interna
peronista entre bandas armadas desde el Estado, y la juventud del partido, se
basó en denuncias que hacían los primeros en dependencias militares o
comisarías contra los segundos (tildados de “infiltrados marxistas” y “apátridas”)
que luego eran secuestrados, torturados, y muchas veces asesinados o
desaparecidos, por los mimos que los habían denunciado. Quienes no fueron
alcanzados en este período por la barbarie de estos grupos armados, lo serían a
partir de 1976, en base a las mismas denuncias. Un hecho resonante que nos trae
el libro, solo como mención, pero que tiene relación con lo narrado en esta
investigación es la “masacre de Pasco”, nada menos que en Lomas de Zamora,
durante la intendencia ortodoxa de Eduardo Duhalde, quien luego será
vicepresidente de la nación durante el gobierno de Carlos Menem e indultará a
los instigadores del asesinado del presidente del HCD de Chacabuco.
Dolor
Octubre de 1990 se presentó escandaloso para la política
argentina, y doloroso para Chacabuco: Eduardo Duhalde, en ese momento
vicepresidente de la Nación, aprovecha una gira del presidenteCarlos Menem por Europa, y tres días antes
del regreso de este, firma un “indulto complementario”,como el mismo lo define en un intento de defensa
pública. El diario “El País” de España, en su edición del 31/10/90, nos dice
“Argentina rechaza con el silencio los indultos (….) El pasado lunes fue en
Chacabuco, una ciudad rural de unos 30.000 habitantes situada a unos 200
kilómetros al oeste de Buenos Aires. Hasta la tradicional Fiesta del Maíz se
suspendió para que los vecinos pudieran participar en la marcha del silencio
contra dos nuevos indultos firmados esta vez por el vicepresidente, Eduardo
Duhalde, a cargo del poder ejecutivo”. A los pocos días, es el mismo Duhalde
quien se presenta en el programa político más visto de ese momento “Tiempo
Nuevo”,conducido por el periodista
Bernardo Neustadt, y da una explicación desopilante del caso: “recibo un expediente
iniciado el 15 de octubre del año pasado. Se presentan dos ciudadanos, a quien
no conozco, nadie me habló de ellos, y viene el expediente a mi firma, pregunto
de que se trata, me dicen ´de un indulto complementario´, son personas que
reclaman, dicen haber sido torturados, saqueadas sus casas. Surge del
expedienteque estuvieron dos veces
citados, fueron dejados en libertad, cinco años después sale un auto de prisión
preventiva, y se van… se dicen perseguidos y se van….Cuando se producen los
indultos, se enteran, están fuera del país y reclaman, porque creen que tienen
derecho. ¿Y cuál es el derecho?: que están en la misma causa donde los
homicidas, convictos y confesos están indultados”.La explicación, si no fuera por la gravedad del hecho, es digna
de una sátira política, por las definiciones sin ningún tipo de rigurosidad que
ofrece como defensa. Está hablando de dos personajes políticos del Chacabuco de
los años ´70, instigadores del asesinado de quien fuera Presidente del HCD de
esa ciudad, don Miguel Máximo Gil; y dice que se fueron, cuando en realidad se
profugan al determinarse un auto de prisión por sus aberrantes actos. Son dos
prófugos de la ley argentina, instigadores de un homicidio, y Duahlde dice “dos
ciudadanos que se van….”. Toda una definición para un abogado. Pero además,
falta a la verdad, pues no son ellos los que reclaman, sino el juez de Mercedes
Zitto Soria, personaje clave en el comienzo del menemismo, que llega de la mano
del PJ al juzgado de marras, y por actos reñidos con la ley, el propio Senado
de la Nación debe iniciarle un juicio político (expte. 942/90) que va a
determinar la renuncia del magistrado para no caer en mayores desgracias
(Boletín Oficial del 4/02/1991 donde obra decreto 189/91 de aceptación de
renuncia).
Final abierto.
Podríamos continuar describiendo las perlas que ha rescatado
este libro, pues vuelve a demostrar que los dispositivos estatales de represión
política en la Argentina de los 70 no fueron aislados. Formaron parte de
espacios articulados donde, como bien se demuestra aquí, lo nacional,
provincial y municipal funcionaron coordinados. Que las zonas militares en que
se dividió el país durante el último gobierno peronista fueron la antesala para
el terrorismo de Videla, Massera y compañía. Que esos nombres de la política de
internas partidarias serán hacedores de los posteriores años de nuestro país.
Que además se cubren entre ellos, con la ayuda de un poder judicial siempre
permisivo a los momentos políticos.
Pero también nos viene a demostrar que falta mucho por decir
en la historia reciente argentina. Y que una de las formas de entender esta
historia es profundizar las investigaciones municipales y provinciales, pues se
cruzan de manera inevitable con las decisiones que a nivel nacional tomaron las
diferentes administraciones, tanto en dictadura comoen democracia. Lo que sucedió con las provincias de Formosa,
Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Salta y Santa Cruz durante el período 1973-76
es una muestra más que clara de lo que aquí se expone: en cada una de estas
provincias se realizó un golpe palaciego y la “destitución” de los
gobernadores, denunciados por simpatía consectores de la juventud de izquierda en el peronismo, derivó además en
el encarcelamiento de algunos de ellos, en incluso la desaparición del Dr.
Ragone, de Salta (único gobernador en la historia argentina que fue
desaparecido en democracia) o el caso del vicegobernador de Córdoba, que luego
de ser destituido, corrió la misma suerte que Máximo Gil, secuestrado y
asesinado. Esto sucedió en muchos municipios, calcado, y este libro lo viene a
demostrar.
Creemos firmemente que es una buena invitación a revisar
cientos de historias similares, que nos ayudarán completar el mapa del devenir
reciente. Atender y comprender vivencias que puedan desentrañar secretos;
silencios cotidianos pero no por eso menos conocidos, que nos demuestren, como
en “El otro, el mismo” que las vivencias propias, con su dolor y su placer,
pueden ser el universo mismo en la historia de un país.
Entrevista a Stella Calloni, a raíz de la histórica condena
por el caso Cóndor y la información que falta
Diego Sanchez
A fines de mayo se conoció la condena al ex gobernante de
facto, Reynaldo Bignone, y a otros catorce ex jefes militares y de inteligencia
de Argentina y Uruguay por crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco de
la Operación Cóndor, el operativo que articuló acciones conjuntas entre las
cúpulas de los regímenes dictatoriales del cono sur en los años setenta. El
histórico proceso no solo reconoció la existencia de una asociación ilícita
entre las dictaduras de Sudamérica, sino que derivó también en nuevos avances
en la investigación, tales como la reciente decisión del gobierno de Bolivia de
desclasificar archivos relacionados con la operación. Stella Calloni,
periodista y corresponsal de La Jornada de México, escribió en 1999 Los años
del lobo: Operación Cóndor, libro que sería sucesivamente ampliado y reeditado
hasta consagrar a la autora y al texto como una referencia insoslayable para
entender este laberíntico operativo que incluyó fuerzas de seguridad, agentes
de la CIA, cables encriptados, desapariciones, fronteras abiertas y atentados
con bombas y gas sarín orientados a objetivos específicos, tanto en Buenos
Aires como en Washington. Sentada en el living de su departamento en Almagro,
Calloni se revela como un algoritmo capaz de arrojar datos, nombres propios y
referencias con una velocidad implacable y lo primero que aclara, al prenderse
el grabador, es el peligro de simplificar los alcances de un diseño criminal
voluptuoso que estuvo lejos de ser un mero “plan”. “Siempre me preocupa un poco
el tema de la Operación Cóndor porque se ha banalizado mucho”.
¿En qué sentido cree que se ha banalizado?
En el sentido de que se lo señala como un “plan” de las
dictaduras y no: Operación Cóndor fue una operación. Se banalizó poniéndole
“plan” y es algo muy distinto una operación a un plan. Una operación es una
táctica, una acción. Diría Juan Domingo Perón: “la estrategia es la guerra y la
batalla es la táctica”. Después, se banalizó también al acusar a la Operación
Cóndor de provocar cien mil muertos. Y eso es imposible. Porque fue una
operación destinada a sacar del medio a figuras muy importantes, a figuras muy
puntuales.
¿En qué momento comienza a trazarse la operación?
Ya en el año ’74 empezó a hablarse. En el ’75 se hizo una
reunión convocada por el general Manuel Contreras, de Chile, que era el jefe de
la policía política de Pinochet, la DINA, y ahí se firma. Se firma el acuerdo
de las dictaduras del cono sur más un capitán de la Marina de acá, estaba
Isabel Perón todavía. Ese acuerdo se firma entre los sectores de inteligencia
de los ejércitos, con participación de algunos sectores de la policía. Ese
documento fue encontrado en 1992, en los archivos de la dictadura de [Alfredo]
Stroessner, y fue muy importante porque fue el primer documento donde aparecían
registradas todas las firmas de los que se coordinaron para hacer esta
operación. Cóndor fue una operación que estaba dispuesta en tres fases. La
primera era el espionaje, el seguimiento de todo lo relacionado con lo que
ellos llamaban los “blancos”, es decir, los individuos que ellos tenían que
sacar del medio; la segunda correspondía a los planes de ejecución, la
planificación de los traslados, eliminar toda legalidad y trasladar a la gente
de un país a otro sin que pasara por ningún juzgado ni extradición; y la
tercera ya era la ejecución, era cuando iban equipos conjuntos para asesinar a
determinada persona en algún lugar. Te darás cuenta de que es muy mafioso el
tema porque era como una omertá, y era tan elitista la Operación Condor que
todo tenía que ser descifrado. Los cables sobre Cóndor iban a una embajada, los
tomaba el agregado militar, no pasaba por las manos del embajador sino por
manos militares, y luego mandaban a una persona que supiera descifrar esos
mensajes. Es decir, si algún suboficial u oficial del ejercito dice “yo ni sé
lo que era Cóndor”, estate seguro de que no sabía, porque eso tenía que estar
muy cerrado debido a que eran personajes tan importantes como presidentes,
políticos. La pretensión era terminar con lo que era la coordinadora
guerrillera del cono sur pero atacando a las dirigencias, apuntaba a las
cabezas, con todas las figuras importantes que pudieran estar afuera y que
fueran muy representativas en el mundo y que pudieran denunciar a las
dictaduras. Eso Pinochet lo cumplió a rajatabla, se dedicó a las figuras
importantísimas y no le importaba dónde estuvieran, mandó a Washington a matar
a Orlando Letelier, mandó a Roma a matar a Bernardo Leighton de la Democracia
Cristiana y a su esposa -a quienes no mataron pero dejaron discapacitados de
por vida- y acá antes habían mandado a matar a Carlos Prats y la esposa. Ahí te
das cuenta del tipo de personajes al que ellos apuntaban, por eso más o menos
hay quinientos y pico de nombres que está certificado que son de Cóndor, es
decir, que tenía que ser un nombre, una persona que estuviera pedida por
Argentina a Brasil o por Brasil a la Argentina y así entre cada país. Y fue de
elite porque tenían que ocultar a las personalidades tan importantes con las
que iban a atentar. Está también el caso de Joao Goulart, que todavía se
investiga si no usaron gas sarín, que era un invento espantoso que usaba el
laboratorio de la DINA en Chile.
Georgina García
Georgina García
¿Cuando comienza a desentrañarse todo ese entramado?
Para decir un dicho: “en el pecado estaba la penitencia”. La
parte de las personas muy importantes no iba a quedar siempre oculta. Cóndor no
se descubrió en Paraguay, se descubrió cuando mataron a Letelier, una muerte en
la que estuvo involucrada la CIA a través de Michael Townley, que sobrevive
como testigo protegido, por lo cual nunca le podés preguntar nada de qué
hacían. A Letelier le habían puesto una bomba debajo del automóvil, como se la
pusieron al general Prats que estuvo viajando por todo Buenos Aires con la
bomba abajo hasta que la detonaron cuando él llegó a su casa. Pero ¿qué pasó
con Letelier? Lo iban a volar al salir de su casa, al otro día, pero vino con
su secretaria y el esposo de su secretaria y se quedaron a dormir los dos
norteamericanos en la casa con la familia. Al día siguiente salieron todos
juntos y detonaron la bomba matando a la norteamericana, con lo cual ya la cosa
se les complicó muchísimo. Estaba el esposo de ella, Michael Moffitt (ella se
llamaba Ronni Moffitt). El hombre empezó a luchar por que se esclareciera la
cosa y la toma un fiscal muy serio que hace este primer juicio y que ya ubica
que hay una operación transnacional. El nombre de “Cóndor” lo ubican porque en
ese momento el fiscal manda a pedir más datos a las embajadas del sur y hay un
capitán que lo que hace es enviar un cable donde dice “la operación Cóndor es
una operación creada entre los servicios de inteligencia de las dictadoras del
cono sur… “ y explica las tres fases que tenía Cóndor. Ese es otro documento que,
aunque se encontró en Paraguay todo tachado porque era un documento
desclasificado, ya había aparecido con el caso Letelier. Con eso de base hubo
mucha gente que ya en los años ’79, ’80 empezó a hablar. El propio Rodolfo
Walsh había hablado de operaciones internacionales en la carta a las juntas,
porque él tenía un amigo que se llama Richard Gott, un periodista de Gran
Bretaña, que ya había tocado el tema en el ’75. Yo creo que hay que revisar
mucho los archivos de Paraguay porque hay muchas historias, la gente se quedó
con Cóndor, pero hay que ser muy serios en la parte de investigación de
archivos porque además de Cóndor pueden salir otras operaciones de ahí. Son
cinco toneladas de papeles, mucha documentación.
¿Cómo se llega al juicio?
Se llega al juicio con esos documentos más algunas otras
cosas muy importantes (por ejemplo, hay un interrogatorio a tres argentinos y
dos uruguayos que estaban en Paraguay -a ellos les interesaba mucho seguir a la
gente que estaba en el exilio en la operación Cóndor) y cada una de esas
historias fue agregando elementos. Es muy difícil hacer un juicio de Cóndor.
Había empezado Baltazar Garzón en España, pero claro, le mandaron un volumen
demasiado grande de información sin seleccionar y para ellos es un problema
gravísimo. Este juicio es el primero y es histórico porque tomó aquí, en el
mismo territorio donde los hechos sucedieron, a chilenos, bolivianos, dos
cubanos diplomáticos desaparecidos, argentinos y varios uruguayos. Hay muchos
uruguayos porque era común que quisieran encontrar a los contadores, a los
tesoreros de los organismos guerrilleros. Los uruguayos que llegaron acá, la
mayoría, estaba buscando el dinero del Partido por la Victoria del Pueblo
(PVP). Lo buscaron, incluso al desaparecido Gatti, que nunca habló, lo tuvieron
ahí en Orletti. Cuando se hizo el juicio sobre Orletti surgieron elementos
nuevos. Y es así como se fue armando el juicio: fueron buscando elementos en el
Nunca Más, en el juicio que hizo este hombre en Estados Unidos, en lo que ya
había avanzado Garzón…
Este juicio es el
primero y es histórico porque tomó aquí, en el mismo territorio donde los
hechos sucedieron, a chilenos, bolivianos, dos cubanos diplomáticos
desaparecidos, argentinos y varios uruguayos.
¿O sea que es un juicio que fue tomando elementos de
diferentes causas?
Sí. Por eso es histórico, porque tomó varios casos, tomó
casos de casi todos los países que estaban interviniendo, hizo su primer juicio
y dio su primera condena. Lamentablemente, los que tenían que tener cadena perpetua
están casi están muertos: Jorge Rafael Videla, [Hugo] Banzer, Stroessner.
Fijense que los brasileños, que tuvieron una enorme responsabilidad, porque fue
en Brasil donde se instaló la primera dictadura de la seguridad nacional en
1974, no firmaron el acuerdo de Chile. Asistieron y dijeron que iban a
consultar y después firmar, cosa que no hicieron. Pero después, a medida que se
iban encontrando archivos, también salía la intervención de ellos. Pero se
cuidaron muchísimo. Donde más documentación podríamos encontrar sería en la
cancillería brasileña, porque tenía todos los informes, los informes se
mandaban a la CIA en Estados Unidos. Yo entrevisté a un agente de la CIA que se
fue y denunció, y él me contaba cómo espiaban en Uruguay, cómo lo espiaron a
los peronistas -era la época donde todos se iban a Uruguay, en los sesenta y
pico-. A John William Cooke, por ejemplo, cómo entraron al departamento una vez
que había ido su hija con unas cajas, creían que llevaba armas, amenazaron al
portero, entraron en un momento que la pareja salió a cenar o algo así, y
fotografiaban las cajas. Ellos mandaban toda esa información a Brasil y a la
CIA, así que Brasil tiene información de todos los exiliados.
¿Hasta dónde puede ramificar la investigación?
De acá se llevaron brasileños desde 1973, mucho antes de que
esto fuera una operación ya muy acordada. Paraguayos entregados hubo desde el
año ’69. No se puede poner en Cóndor porque para que sea Cóndor tiene que ser
preciso pero van reuniendo elementos. Un día le puse “Pre-Cóndor” y a Baltazar
Garzón le gustó. Acordate que en todo eso también se mezcló una movida muy
grande cuando andaban buscando al Che, ahí se ponen de acuerdo las
inteligencias de todos los países para informar. Todos esos elementos, más esta
operación, salen de una operación que hicieron en Vietnam, la Operación Fénix,
en los últimos años antes de terminar la guerra, y después en Europa, la
Operación Gladio. Este juicio logró y aceptó mucho de estos nuevos informes que
hay. Cuando vos revisás los archivos dentro de la Operación Cóndor hubo la
operación “Murciélago”, la operación “Zapatos viejos”, todas estaban dentro de
Cóndor. A cualquier acción que iban a hacer le ponían un nombre. Lo que te
permite ver eso es qué es la contrainsurgencia. El Cóndor es parte de una
contrainsurgencia que probó que podía haber una unión para objetivos concretos
de todas las dictaduras.
Bolivia anunció que desclasificará archivos vinculados con
Cóndor. ¿Qué pueden llegar a aportar?
Pueden llegar a aportar bastante, porque Banzer sabía mucho
de lo que era la persecución a los religiosos. La desclasificación mayor sería,
para mí, la de Brasil. En Río Grande do Sul aparecieron algunos archivos, se
sacaron bastantes datos. No importa cuántos tengan, siempre va a haber algo,
por ejemplo en Bolivia tenés el caso de Quiroga Santa Cruz, tenés el caso de
este padre que no recuerdo el nombre, que el Papa le hizo un homenaje, todavía
no sabemos cuántos bolivianos desaparecieron acá porque hay muchos que
desaparecieron ya en el Operativo Independencia, gente muy humilde que venía a
las zafras. Las familias no lo denunciaban porque las mujeres creían que se
habían encontrado otra mujer y se quedaron, eso lo encontramos mucho cuando
fuimos a investigar a Bolivia, siempre te decían eso. “¿Cuándo se fue tu
marido?” “En el ’74, ’75, y no volvió, se quedó por ahí, con otra”. Casos muy
específicos que está totalmente probado cómo los agarraron, cómo los llevaron,
el caso de Centurión, un campesino al que agarraron y lo llevaron en la caja de
un automóvil. Falta investigar mucho del Cóndor todavía pero esto ya es un
avance histórico.
Lo más parecido
que surgió en estos años es esta fundación Unoamérica, que se creó en Colombia
en diciembre de 2008. Están todos los militares de las pasadas dictaduras, hay
sectores muy derechistas (acá formaba parte Unión por Todos, a la que pertenece
Patricia Bullrich) y se juntaron diciendo que ellos se transformaban en una
organización transnacional capaz de intervenir en cualquiera de los países
Así como esa articulación conjunta se puede rastrear hacia
atrás en el tiempo, ¿hubo articulaciones similares posteriores, con la
inteligencia de los países de la región uniéndose para determinado propósito?
Ellos ya estaban unidos hacía mucho tiempo, esto siempre fue
así, pero Cóndor fue una operación muy coordinada. Lo más parecido que surgió
en estos años es esta fundación Unoamérica, que se creó en Colombia en
diciembre de 2008, ante el golpe fracasado contra Evo Morales ese mismo año.
Están todos los militares de las pasadas dictaduras, hay sectores muy
derechistas (acá formaba parte Unión por Todos, a la que pertenece Patricia
Bullrich) y se juntaron diciendo que ellos se transformaban en una organización
transnacional capaz de intervenir en cualquiera de los países, para combatir a
los gobiernos del Foro de San Pablo –de Brasil, de Argentina, de Bolivia, de
Ecuador, de Nicaragua. [Roberto] Micheletti, el dictador que surgió tras el
golpe de Honduras, le dio una condecoración a Alejandro Peña Esclusa, que era
el presidente de Unoamérica, por la gran ayuda que le habían prestado. Y vos
viste los crímenes que se han cometido y los que se siguen cometiendo en
Honduras. Por eso es tan importante saber la historia de la Operación Cóndor.
Es muy importante saber para qué se creó la contrainsurgencia allá en los años
’60.
¿Cree que el cambio de gobierno en Argentina puede afectar
el devenir de juicios como el de Cóndor o se trata de procesos ya consolidados?
Sí, cómo no. Ya han afectado. Ya hubo un juicio que se
afectó, un juicio del ’75 diciendo que no era de la dictadura, que fue el
fusilamiento de los militantes del ERP. Afectó porque se está cambiando
totalmente el criterio. Recientemente el CELS sacó un informe sobre el
retroceso en el tema derechos, fijate que si La Nación lo planteó dos veces por
algo será, cuando plantea esas cosas -eso de que son unos viejitos pobres que
se están muriendo ahí y demás- no es porque lo hacen ellos. Ahora editaron el
Nunca Más sin el prólogo que discutía la teoría de los dos demonios. Todo eso
te está indicando algo. No se piensan quedar así. Además necesitan quedar bien
con los militares, con la policía, necesitan tenerlos a disposición para cuando
ya no puedan manejar la cosa política. Si creemos que no se puede volver atrás,
miremos lo que pasa en Honduras, miren lo que pasa en Medio Oriente. Por eso es
muy importante saber.
JOSE LUIS MAULIN PRATTO LE CONTO A PAGINA/12 SOBRE LA
BUSQUEDA Y EL REENCUENTRO CON SU FAMILIA
“Pude rearmar la historia que me robaron”
El nieto 120 relató detalles de la vida con su apropiadora,
tras ser arrebatado a su madre durante la dictadura, y cómo sus padres y su
hermana lo buscaron. “Me falta el nombre”, dijo sobre la lucha que aún mantiene
para recuperar su apellido biológico.
El documento nacional de identidad de José Luis miente. Él,
un hombre de 39 años, lo sabe desde hace siete, cuando un análisis de ADN le
contó la verdad que corría por sus venas: en un 99,99 por ciento era compatible
con el de Rubén Maulín y Luisa Pratto, sobrevivientes del terrorismo de Estado
que en la ciudad santafesina de Reconquista arrasó como en el resto del país durante
la última dictadura militar; de Cecilia Góngora, quien figura en los registros
oficiales como su madre, y José Ángel Segretín, el dueño del apellido
mentiroso, ni rastros. Desde ese análisis, José Luis reclama al Estado la
restitución de su identidad, lo que está en pleno debate oral y público. “La
identidad es el basamento que explica por qué uno es como es, por qué uno sueña
determinados sueños, por qué decide concretarlos de tal o cual manera. No
tenerla o tener una falsa es construir castillos en el aire, siendo alguien que
en realidad no existe. Como me pasó a mí, que aún me llamo fulano, pero soy
mengano”, dijo a Página/12 después de que Abuelas de Plaza de Mayo lo
reconociera como el nieto 120.
Algo de esa evaluación pudo realizar José Luis el jueves
pasado ante el Tribunal Oral Federal de Santa Fe en el juicio por su
apropiación. Ese día declaró, ante sus padres, querellantes en la causa, y su
apropiadora, una de las dos acusadas. .
–¿Qué significó poder dar testimonio en el juicio que evalúa
el robo de su identidad?
–Fue todo lo que esperaba. Estaba bastante ansioso por
poder, por fin, declarar. Fue bastante emotiva la situación. Sentí una
sensación de descarga total. Hacía tiempo que venía esperando el inicio del
juicio y el pedido de que por favor cuanto antes se me restituyera la
identidad. Pasaron ocho años, Los tiempos de la Justicia no son los nuestros.
Incluso murió uno de los acusados. (Danilo) Sambuelli (era jefe del centro
clandestino que operó en la III Brigada de Reconquista y murió en diciembre de
2014 cumpliendo una condena por los delitos de lesa humanidad cometidos allí)
era para mí partícipe sumamente necesario en mi apropiación. Era quien
administraba la justicia y el orden, el amo y señor de la ciudad de Reconquista
durante la última dictadura. Él y la obstetra (Elsa Nasatsky de Martino, quien
firmó el certificado de nacimiento) son responsables del aprovechamiento que
mis apropiadores hicieron de la situación que padecían mis padres por ser
víctimas del terrorismo de Estado como Góngora y Segretín. Patear en el suelo a
alguien es a veces peor que aquel que provocó la caída. Mi familia estaba
devastada y acá hubo un aprovechamiento que es tan delictivo como el secuestro
y las torturas.
–¿Que su apropiadora haya escuchado su testimonio volvió más
especial al momento? ¿Le generó dolor? ¿Lo atemorizó de alguna manera?
–No fue fácil ni fue gustoso para mí que ella estuviera
sentada como acusada. En lo personal, no necesito una condena para ella, me
basta con que esté ahí, con que me haya escuchado. Porque yo tenía la
posibilidad de que la retiraran de la sala durante mi declaración, pero me era
necesario que escuchara lo que tenía para decir, que supiera de mi boca lo que
provocó en mí, que al momento de ser condenada, si resultara así el final del
juicio, supiese de mi parte por qué recibe esa condena. Necesitaba que supiera
el daño que me provocó, la pérdida que me provocó, lo que me robó, lo que se
llevó y no le correspondía.
–¿Qué le robó? ¿Qué se llevó?
–Mi historia.
- - -
Lo que su documento de identidad no reconoce, José Luis lo
reivindica desde el lenguaje: llama “viejos, vieja, viejo” a Luisa Pratto y
Rubén Maulín, y “apropiadora” a Góngora. A los 11 años, su apropiadora le
confesó que no era hijo biológico de ella. “Bajo la promesa de que me llevara
el secreto a la tumba”, cuenta. La versión lo presentaba como el resultado de
una relación extramatrimonial de Segretín, fallecido en 1986. Lo que hasta
entonces no sabía era que había una mujer y un hombre en Reconquista que lo
estaban buscando como su propio hijo.
“Mi mamá se acercó a mi apropiadora, incluso antes de que mi
papá saliera en libertad, pero mi apropiadora la amenazaba con que la iba a
hacer meter presa y mi vieja le tenía un terror espantoso a los policías después
de las torturas y todo lo que había pasado”, reconstruye José Luis algo de lo
que sus padres sufrieron. En octubre de 1976, una patota de la III Brigada Área
de Reconquista sorprendió al matrimonio de Luisa y Rubén en su departamento.
Estaban allí con la mamá de Rubén y los dos hijos bebés de la pareja, Walter y
Gisella. A Rubén y a su madre los secuestraron. Días más tarde también se
llevarían a Griselda, la hermana menor de Luisa, que había viajado para
ayudarla con los nenes. Luisa estaba embarazada de cuatro meses, lo cual no
evitó las visitas violentas periódicas de la patota: durante meses la violaron,
torturaron y amenazaron frente a sus hijos. Cuando llegó el momento, la
llevaron a parir a José Luis al sanatorio privado local, donde la registraron
con el nombre de quien le iba a robar a su hijo durante los siguientes 30 años.
Cuando Rubén salió en libertad, en 1982, comenzaron a
reclamar a la Justicia por la recuperación de su hijo: tenían el nombre de la
apropiadora. “Les llegaron a decir que la causa ya habían prescrito porque
había pasado mucho tiempo y en organismos de gobierno les decían que si ellos
sabían donde yo estaba y sabían quién era yo y quién me tenía, tenían que ir y
buscarme. Entonces, volvían a intentar con mi apropiadora, pero ella los corría
siempre. les llegó a decir que si seguían intentando, yo me iba a suicidar”.
Para la misma época en que José Luis supo que no era hijo de
Góngora, también recibió los primeros datos respecto de esa familia que lo
“quería llevar”. “Mi apropiadora me decía que me querían llevar, que eran malos
y yo tenía terror. Sufrí toda una manipulación. Me decía que el marido era un
terrorista, que había estado preso, que era un terrorista, que ponía bombas en
colectivos. Así que por lo que me contaba ella yo no quería saber nada con mi
mamá”, relató a este diario.
–¿Nunca dudó de lo que Góngora le contaba?
–No, hasta que se acercó mi hermana. Ella sembró la gran
semilla de la duda en mí, aquella patriada que se mandó fue muy importante para
mí.
- - -
Gisella es un año más grande que él y se crió buscándolo.
Tras recuperar su libertad, su abuela paterna se la llevaba a buscarlo por las
calles. José Luis reconstruyó: “La agarraba a ella y a mi prima y me buscaban,
me vigilaban, me espiaban. Gisella tenía una noción desde pequeña de mí, de lo
que pasaba conmigo, que después fue completando. Para cuando se acercó, llevaba
años extrañándome.”
Cuando su hermana mayor lo encontró, ambos compartían
escuela secundaria. Él tenía 13 años y ella, 14, y se mandó sola, según le
contaron décadas después a José Luis. Ella había escuchado en la casa, en
conversaciones entre Rubén y su esposa –está separado de Luisa– el nombre de su
hermano: José Luis Segretín. Luego, lo escuchó en el colegio. Y empezó a
rastrearlo.
Lo que él recuerda de manera “muy fresca”, lo que a él le
quedó “grabado para siempre”, fue el encuentro fugaz: “Fue en un recreo. Me
tocó el hombro. No se presentó. Solo me dijo si podía hablar un ratito conmigo.
Yo la vi muy parecida a mí, me di cuenta instantáneamente quién era y le dije
que no, con mucho miedo. Se puso muy mal, se dio vuelta y se fue”. Por esa
“patriada” de su hermana, José Luis se enteró del apellido de su familia
biológica paterna: Maulín.
–¿No se volvió a acercar a ella?
–No. Yo conté eso en mi casa y al otro día fue mi
apropiadora a hablar con los directivos de la escuela, quienes maltrataron
bastante a mi hermana, la acusaron de acosarme. Yo tenía miedo de que me
secuestraran, así que mi apropiadora me propuso llevarme a Buenos Aires por un
tiempo. Ella sabía cómo manejar los tiempos de la situación, con lo cual a mí
me queda claro que ya había pasado otra vez: que nos buscaban, nos escapábamos
para que mis familiares perdieran el rastro, desistieran y entonces volvíamos.
Y así sucedió. Volví a fin de año a la escuela, pero mi hermana había sufrido
mucho por esto y terminó abandonando.
Pasó el tiempo, pasó la adolescencia, pero José Luis siguió
pensando siempre. “Me preguntaba por el parecido con esa chica, me preguntaba
sobre el por qué del abandono de mi madre, pero la duda de a poco le fue
ganando al miedo”. El click definitivo llegó en 2008, cuando Góngora le volvió
a contar que “esa gente” había vuelto a la carga. “Pero lo más fuerte fue lo de
la radio”, recordó.
- - -
José Luis ya tenía 31 años, una pareja, dos hijas. Entonces,
el juicio a los represores de Reconquista estaba en un momento clave (ver
aparte). “Mónica, mi pareja, tenía una cuñada que era productora de un programa
de radio y a propósito del juicio, le hizo una entrevista a mi mamá, que era
testigo. Mi mamá le comentó que estaba buscando a su hijo, le dio todos los
detalles y características y a esta chica le pareció muy familiar. Le pidió a
mi mamá si sabía cómo se llamaba el chico que buscaba y mi mamá dudó, pero se
lo dio. Cerraba por todos lados, era yo”, recordó.
El tema sorprendió a todos en su familia política, que ni
siquiera sabía la mentira que Góngora sostuvo hasta la última vez que lo vio:
que José Luis es hijo de Segretín con otra mujer.
–¿Por qué aquella vez fue diferente al resto?
–Yo seguía teniendo miedo. No a que me llevaran, porque ya
tenía 31 años, dos hijos... ¿Adónde me iban a llevar? Pero estaba enterado de
las consecuencias de la situación. Hablé con Góngora y le conté que había decidido
a escucharlos. Creía que me debían una explicación. No estaba enojado, pero en
mí estaba la idea del abandono. Iba a decirles que me dejaran en paz. Conseguí
el número de teléfono de mi vieja. Llamé varias veces y cuando me atendían,
cortaba. Recién pude hacerlo en 2009, en el verano, con la ayuda de los
profesionales del programa de protección de testigos.
–¿Cómo fue el reencuentro?
–Primero me vi con mi vieja. Y me trajo muchísima paz. Al
fin podía escuchar esa parte de la historia: aquello que no quería, pero era
tan necesario. Las barbaridades por las que pasaron ella, mi viejo, mis
hermanos, mi abuela. No es fácil escuchar a tus seres cercanos, a tu familia,
contar sus experiencias en torturas y secuestros. Fue tremendo para mí. Pero
desde ese primer encuentro surgió todo. En marzo me encontré con los dos (Luisa
y Rubén) y desde entonces el vínculo se fue haciendo más estrecho. Hoy, siento
que los conozco de toda la vida.
En abril se sometieron los tres a la prueba de ADN y en mayo
llegaron los resultados. Hasta entonces, José Luis tenía contacto con su
apropiadora: “El último día que la vi fue con el resultado de ADN en la mano.
Le pregunté si estaba segura de lo que ella me había contado siempre y repitió
su versión. Le dejé los resultados del análisis, le pedí que no me mienta más,
me fui y no volví más. Nunca se volvió a acercar, nunca se disculpó, nunca nada
más”.
–¿Le contaba algo sobre el terrorismo de Estado?
–En mi casa estaba prohibido hablar de política. Tal es así
que yo tenía una colección de revistas encuadernadas de Perón y Evita que un
buen día desapareció. Se la llevaron. De política y religión no se hablaba
abiertamente. Pero circulaban ciertos términos que yo escuchaba a escondidas:
en mi casa supe lo que era un submarino, lo que era una picana, lo que fueron
los vuelos de la muerte. Del secuestro y robo de bebés no se hablaba. A medida
que fui creciendo me fui enterando. Tuve profesores en el secundario que por
fuera del programa educativo nos hablaban de la última dictadura. Nunca pensé
que en Reconquista hubiera sido tan fuerte lo que pasó. La historia oficial acá
versaba sobre un pequeño puñado de detenidos políticos y ajusticiados. Se lo
contaba y veía así, estaba todo muy silenciado.
–¿Tenía postura tomada al respecto? ¿Qué pensó tras
enterarse de que es víctima de aquellos años de terror?
–En mi entorno siempre se justificaron los delitos de lesa
humanidad. ‘Si se los llevaron, era porque eran terroristas’, así se pensaba. Y
yo tenía mis dudas, más aún cuando fui estudiando. Pregonaba en mí la teoría de
los dos demonios: todos eran culpables y había inocentes en todos lados. Cuando
empiezo a interiorizarme más, sobre todo en la cuestión política, ahí empiezo a
tener una postura más humanista, aunque de todas maneras no me sentía
identificado con nada. Cuando me reencuentro con mis viejos, yo ya entendía las
cosas de otra manera. Nos encontramos y no estábamos tan lejos. Yo me
identifico con el peronismo. Tenemos nuestras diferencias, que las discutimos
como cualquier familia.
–No se sintieron extraños, entonces…
–Nos integramos increíblemente. Todo fluyó mucho. Me
encontré con un lugar vacío esperándome al que ni siquiera me tuve que amoldar.
En mi familia faltaba una pieza, y esa pieza era yo. Todos sabían de mí. Pero
hay una parte dolorosa, que es la ausencia durante décadas, el tiempo perdido.
Porque si la familia que me faltó hubiera sido una mala familia, todavía, pero
saber que perdí tanto tiempo de conocer a esta clase de gente, saber que perdí
de conocer familiares, que me perdí momentos, historias, son cosas que no voy a
recuperar nunca más. No solo momentos lindos: me hubiera gustado pasar momentos
difíciles con mis hermanos, incluso. Igual, sé que algo puedo recuperar, y que
todavía quedan mucho por compartir con ellos. Lo más importante a recuperar es
mi identidad.
–Le falta el cambio de apellido. “Quiero firmar como José
Luis Maulín”, dijo días atrás. ¿Qué significa la identidad para usted?
–Afortunadamente pude recuperar mi historia, lo que quedaba
de mi familia, rearmar de a racimos de relatos la historia que me robaron. Pero
me falta el nombre, la figura legal en la que se representa la identidad de una
persona. Y la identidad para mí es la base fundamental de una persona. No se
puede andar por la vida sin saber de dónde salió uno, sin saber de qué todo es
una parte. Es el basamento que explica por qué uno es como es, por qué uno
sueña determinados sueños, por qué decide concretarlos de tal o cual manera. No
tenerla o tener una falsa es construir castillos en el aire, siendo alguien que
en realidad no existe. Como me pasó a mí, que aún me llamo fulano, pero soy
mengano”.
Pozo de Quilmes: “donde hubo muerte hay que devolver vida”
Un proyecto de ley busca declarar bien de interés histórico
cultural el ex CCDyT conocido como Pozo de Quilmes. Las organizaciones
pretenden trabajar con autonomía para recuperar ese espacio y quieren que la
Comisión Provincial por la Memoria sea la encargada de gestionarlo. Por ANDAR
El expediente 2075 de la Cámara de Diputados de la provincia
de Buenos Aires es un proyecto de ley que busca declarar “bien de interés
histórico cultural” al inmueble ubicado en Garibaldi 650, esquina Allison Bell,
de la ciudad de Quilmes. Allí funcionó, entre 1975 y 1979, una de las más de
600 dependencias que se usaron durante la última dictadura cívico militar para
el secuestro, tortura y desaparición forzada de personas: el ex centro clandestino
de detención conocido como “Pozo de Quilmes” o “Chupadero Malvinas”. Su cara
legal era la Brigada de Investigaciones de Quilmes.
Detrás del papel y de la letra que busca ser ley hay
alrededor de 15 organizaciones que vienen trabajando por los derechos humanos
de esa localidad hace años y en el proyecto de ley en los últimos meses. Los
referentes de estos espacios debatieron y consensuaron “hasta las comas” de
esta propuesta presentado por la diputada del FPV-PJ Evangelina Ramírez y
buscaron el respaldo de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) para
asesorarse.
Viviana Buscaglia, la secretaria de DDHH de la CTA de
Quilmes, milita por los DDHH desde hace mucho tiempo y en distintos espacios.
La diputada Ramírez la contactó en marzo porque quería presentar un proyecto
para recuperar la DDI de Quilmes como un sitio de memoria. Quería entregárselo
a Estela de Carlotto durante la presentación de un libro sobre su hija Laura en
la semana de la memoria en marzo. “Quería entregarle a Carlotto un proyecto de
ley sobre la desafectación del Pozo de Quilmes. Este es un tema histórico acá,
hemos hecho mil señalizaciones pero nunca logramos avanzar en torno a una ley,
salvo en 2007 que se presentó algo y no prosperó”, explica Buscaglia.
Frente a la iniciativa, las organizaciones plantearon la
necesidad de debatir y consensuar el proyecto con quienes venían trabajando en
el tema desde hace años. Una semana después de la presentación del libro
iniciaron las reuniones. Después de varios meses de debate donde discutieron
desde cómo nombrar el lugar, los objetivos, qué harán en ese espacio, hasta los
contenidos más específicos llegaron al documento que aspira a ley. “La
parimos”, aseguran.
La fortaleza de lo colectivo
Rubén Schell estuvo secuestrado 102 días en el Pozo y
también integra el colectivo que aspira a gestionar el sitio de memoria. Cada
uno de los que participan en este espacio sabe que su fortaleza es la
pluralidad de perspectivas convertida en fuerza de trabajo. “Yo vengo de Lomas,
y en mi experiencia con Barrios por la memoria, verdad y justicia de allá veo
que lo colectivo es importantísimo. Saber que hay que respetar todas las ideas
porque acá hay trabajadores, docentes, obreros, militantes políticos y jóvenes
que quieren aprender. Lo amplio es la característica central de lo colectivo”,
asegura.
Otra de las organizaciones involucradas es la APDH (Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos). Soledad Astudillo, su secretaria,
coincide con Schell: “la historia ha demostrado que la organización es lo que
vence. Lo que da fuerza y permite que uno encuentre a otros que por ahí estaban
aislados pero peleando por lo mismo”.
Cuando vieron que sus esfuerzos podían concretar la
recuperación del sitio buscaron fortalecer sus lazos con la Comisión Provincial
por la Memoria (CPM) a la que buscan transferir el edificio “para la
administración, explotación, uso y goce, por el término de noventa y nueve (99)
años”, según proponen en el proyecto de ley. “En la gestión debe prevalecer el
principio de la autonomía en las decisiones acerca de qué hacer en el sitio y
cómo hacerlo”, fundamentan, y la experiencia de la CPM es el modelo a seguir en
este sentido.
“Para nosotros fue muy importante que el conjunto de
organizaciones que está trabajando para que el Pozo de Quilmes se constituya en
un sitio de memoria haya pensado que la mejor institución de la que podía
depender el lugar orgánicamente sea la Comisión Provincial por la Memoria. La
decisión tuvo que ver sobre todo con el grado de autonomía y de referencialidad
política de la CPM en la temática, por los referentes que integran el organismo
y por la trayectoria de trabajo”, señaló Sandra Raggio, directora general del
organismo.
Los desafíos hacia adelante
El proyecto, recién ingresado a Diputados, tiene que seguir
las vías parlamentarias y convertirse en ley. Una de las cuestiones más
problemáticas si se aprueba la ley es el traslado de la DDI que funciona
actualmente en el edificio y puede traer resistencias, no sólo del personal
policial sino de otros actores en el barrio. “Es un barrio de sectores medios
altos y sabemos que no necesariamente a todos les puede conformar convertir
este lugar en un sitio de memoria, pero tendremos que trabajarlo”, dice
Buscaglia.
Astudillo tiene la misma mirada: “Convertir esto en un sitio
de memoria puede estar atado a una ley, pero hay un proceso que se da después
que tiene que ver con su inserción en el barrio, en darlo a conocer, en generar
espacios de encuentro con actividades vinculadas a la promoción de los derechos
humanos, que la gente pueda empezar a sentirlo propio”.
Para eso las organizaciones tienen proyectados diversos
objetivos y líneas de trabajo vinculadas al deber de memoria: transmitir,
fomentar, capacitar, promover, colaborar, propiciar, son algunos de los verbos
que se enumeran como horizonte del sitio. “Si recuperamos el espacio hay que
llenarlo de pibes, de gente, de memoria, de vida. Porque acá hubo horror,
tortura, muerte, historia de muchos quilmeños y otros compañeros por los que
hay que devolver vida”, sintetiza Buscaglia.
“NO TE ANIMAS A DISCUTIR CONMIGO”, LE DIJO SALA EN UNA
CARTA AL GOBERNADOR DESDE EL PENAL.
MORALES AMENAZA A MILAGRO SALA CON TRASLADARLA A UNA CÁRCEL
FEDERAL POR HABLAR CON LOS MEDIOS Y EJERCER SU DEFENSA.
El gobernador Gerardo Morales, a través de su ministro de
Seguridad, Ekel Meyer, amenazó a Milagro Sala con trasladarla a una cárcel
federal por hablar con los medios de comunicación y por ejercer su legítimo
derecho de defensa al negarse a ser notificada en causas inventadas por el
Poder Judicial que responde en forma directa al Poder Ejecutivo. Los abogados
de Sala señalaron que el único fin es amedrentar a la dirigente y que no hay
ningún elemento legal ni justificación normativa que permita sostener esa
amenaza. Por su parte, la dirigente social, escribió una nueva carta desde el
penal de Alto Comedero donde se encuentra privada ilegalmente de su libertad
desde el 16 de enero y en la que le advierte a Morales que “no se puede
gobernar con miedo”.
Días atrás, el ministro de Seguridad Ekel Meyer, en
declaraciones periodísticas, le envió un mensaje a Milagro Sala y a su familia:
“La justicia estaría evaluando trasladar a la referente la organización social
Tupac Amaru a una cárcel federal debido a que constantemente se resiste a
asistir al juzgado para cumplir con trámites judiciales”, señaló. Y dijo
respecto a entrevistas telefónicas que la diputada del Parlasur brindó al
periodista local José Luis Politi y a Reynaldo Sietecase a nivel nacional:
“Está prohibido que tengan celulares y está prohibido que den entrevistas sin
autorización”.
Desde la defensa de la diputada aseguraron que “Milagro Sala
está privada de su libertad ambulatoria, pero en ningún modo se la puede privar
de su derecho a la libertad de expresión”. Por otra parte, los llamados se
realizaron desde el teléfono público habilitado en el penal para las
comunicaciones de las internas. La privación de la libertad como medida
cautelar o como pena, más allá de su ilegalidad como en este caso, no puede
limitar la libertad de expresión de una persona detenida. La intención de que
no pueda hablar con los medios constituye un caso de manifiesta censura a
exponer y manifestar sus ideas, derecho reconocido internacionalmente por
múltiples instrumentos y pactos. En cuanto a la referencia que hiciera Meyer a
una supuesta prohibición de aquellas comunicaciones, la que a la fecha la
defensa no ha tomado conocimiento, sería una norma claramente inconstitucional,
por resultar una limitación absolutamente arbitraria al derecho a la
información y a la expresión”, explicaron.
Por otra parte, y en referencia a la amenaza de cambiar el
lugar de detención de la dirigente, los abogados indicaron que “no existe
ninguna razón para un traslado cuando Milagro está detenida por delitos que son
de competencia provinciales. No hay una sola razón que pudiera habilitar la
detención en una cárcel federal. El único motivo, y así lo están utilizando, es
a modo de amedrentamiento y para mantenerla alejada de su familia, de sus
abogados y como modo de disciplinamiento. Ninguna de las leyes que reglamentan
la privación de la libertad de un detenido provincial habilita el traslado a
una cárcel federal; evidenciando que lo que eventualmente debiera ser una
resolución del poder judicial está en manos del Gobernador Morales, y de sus
ministros, quienes en definitiva tienen detenida a Milagro Sala”.
Por último, señalaron desde la defensa, “el Poder Judicial
está manejando un doble estándar: unas reglas para Milagro Sala y otras para
quienes la denuncian”, indicaron en referencia a la situación de Jorge Paes,
acusado por tentativa de homicidio y que luego de declarar en contra de la
dirigente social indicó que “tenía miedo de su integridad por estar alojado en
el Penal dependiente de la provincia”. El juez Pullen Llermanos, en lugar de
pedir su traslado a una cárcel federal, le otorgó el beneficio de la prisión
domiciliaria, a pesar de no cumplir con ninguno de los requisitos legales para
su procedencia.
LA CARTA DE MILAGRO SALA A MORALES: “GERARDO, NO SE PUEDE
GOBERNAR CON MIEDO”
Con humildad Gerardo, te pregunto: ¿a qué le tenes tanto
miedo? ¿Por qué tanta obsesión contra mi? ¿No te alcanza con tenerme detenida
desde hace casi 7 meses que ahora también queres ponerme un bozal? ¿No te
alcanza con tener todo el aparato del Estado puesto al servicio de perseguirme
a mí y a mis compañeros?
No cumpliste con ninguna de tus falsas promesas de campaña.
Con suerte, a los cooperativistas que por miedo o desesperación aceptaron
agachar la cabeza y rendirse a tus pies, no les diste más que migajas.
Prometiste sueldos de 8500 pesos y no les diste más de 2500.
Hablaste de transparencia. Contanos a todos los jujeños qué
hiciste con los 1500 millones de pesos que ya te entregó el gobierno nacional.
Puedo apostarte a que cuando termines tu mandato no vas a haber construido en
la provincia, con todos los recursos, ni la mitad de lo que hicimos nosotros.
Está aumentando diariamente la desocupación y no sólo de los
cooperativistas a los que dejaste en la calle para hacer tus negocios con las
empresas privadas. Estás dejando sin trabajo a 800 trabajadores del Ingenio La
Esperanza –en donde tuviste responsabilidad de la quiebra junto con tu socio
Eduardo Fellner- para beneficiar a tu amigo Blaquier. A fin de año cierra Mina
Pirquitas. Cientos de empleados públicos hoy son nuevos desocupados.
De un día para el otro, el boleto de transporte pasó de 5,50
a 8 pesos; a diferencia de otros gobernadores que apoyaron a la gente, vos
avalaste los tarifazos en la provincia; se firmaron nuevos contratos con la
empresa de recolección de basura que sólo benefician a los radicales y a tus
socios históricos. Para el pueblo, para los más humildes: nada.
Por estas cosas me tenes tanto miedo. Tenes miedo de darme
la libertad porque soy tu única opositora. No te animas a discutir política
conmigo y utilizaste a la justicia que vos armaste para que ejecuten tus
caprichos. No podes soportar que mantenga, a pesar de todo lo que me estás
haciendo, mis convicciones.
Pero no se olviden, Gerardo, que el poder no es eterno y que
ya va a llegar la hora en que tengan que rendir cuentas a la gente, que es la
que verdaderamente importa.
Por eso, con cariño Gerardo, de corazón, un consejo: empezá
a gobernar para todos los jujeños.